jueves 9 de febrero de 2012

Concierto para violín en mi menor


Concierto para violín en mi menor

En la puerta está la salida,
y un mundo sin colores,
pero no existís ya en la cama
desnuda, librada de prejuicios,
y con mi compañía.

Quisiera verte
dormida, desnuda
conmigo, esa sonrisa que
me ataba a la recóndita
fantasía de que eras mía.

Porque eras mía,
eras, no sos, eras no sos,
y no puedo encontrarte,
ni en otro cuerpo,
otra carne. Es verdad,
la respuesta
no sería buscarte
de ese modo,
pero ¿a donde se teje
el resorte que me haga
escapar del averno
de la locura?

El arco se inclina por el puente
dilata unas frases, como lo eran
tus besos. Se expanden
para evocarte
suena triste, pero al menos
sé que si duele es porque sigo vivo.

Un día como hoy,
hubo un intento fallido de
golpe de estado en Venezuela.
La fuerza militarizada, caída,
como tus palabras.
Un día como hoy,
no quería darme cuenta
que ya no me
necesitabas.

Dulce bálsamo en mis venas
rodeo, en que uno,
vuelve eterno a un instante,
creyéndose maestro del tiempo
e ignorante de la vida.

La voz te persigue
por la cuerda del violín,
musa de otro hombre.
Y ahora viene, y llega
la nada. Y todavía no te vas.


Nota: un poco improvisado, creo que es acorde al día. Disculpen las molestias

martes 7 de febrero de 2012

While she was mine



While she was mine

De golpe se cortó la luz, tirado en el colchón del comedor, voy a prender la lamparita que me gusta por tener un estilo inglés (como el té del que te reías). Que grande se ve la pipa, quiero decir la sombra contra la pared, azotándola con el humo, el incienso de mis manos, las penas del tabaco, pero eso no es lo que importa, sino dónde estás... Mirá la curva de la pipa, la madera esa que tiene el color de tus ojos, como cuando reías, claro. Y crece como un espectro que quiere asustarme, y desaparece con la luz inglesa, y vuelve como un torbellino y seca la garganta cuando miro al techo oscuro. Acá estabas vos, un poco más ciega que cuerda, pero acá estabas. El problema era Lucifer, él no desconfía de los buenos, eso queda claro, el problema de la última cena, el único codo retorcido ya sabíamos donde estaba, antes de comer.

Hoy ví a tu primo con su familia pasar, también a tu padre trabajando, a tus amigas las ví ayer, el tema es que no eran ellas a las que veía, sino a la falta de estar vos. Vos ahí, esa figura que dibujaban mis ojos, del mismo color de la pipa, al menos esa vez que fumábamos del mismo tabaco y que el humo hacia un rodeo un poco travieso en el juego este de querernos, de gustarnos, de encantarnos y hasta incluso de mentirnos. En una aventura que se disfraza entre religión y obsesión, como dos peces que van de la mano saltando de una cascada a la cama, tal vez del living al comedor, o tal vez desde el miedo a quedar solo o quedarse mirando a la sombra que hace compañía, aunque no lo parezca.

No te voy a mentir, es verdad... te extraño y quizá no te lo vuelva a decir, pero es esa cosa que se escapa a las reglas de la filosofía, esa mística que guarda el estilo del blues que nos encantaba, eso eras vos, un torbellino feroz, una bestia insaciable que quiero me devore a pedazos por los centímetros del cuerpo otra vez. ¿Pero me ves ahora?... no, estás mas lejos de lo que estabas, soy el mejor inmueble de esta carpintería. Soy la resaca de la noche que guarda a escondidas los secretos que las estrellas murmuran una a otra mientras te miran dormida del otro lado del mundo. Es eso, el universo extraño, el universo de vos, esa confusión entre rosas y vino que anuda este cuerpo a ese vacío en el espacio, a esa álgebra indescifrable par o impar... ya no importa.
La luz nunca se cortó, porque la conexión no estaba funcionando hace dos meses. A veces sentí que prendía, pero no era la luz, eras vos.

jueves 17 de noviembre de 2011

Ma petite joie


Ma petite joie



Una vez conocí
Foto: Sofía Wertmiller
a una mujer:
su rostro
apresaba
dos luceros
que tendían
al alba,
una sonrisa
tímida, que,
disimulaba
alguna descorazonada.

Imaginaba
el roce de su boca
y la mía.
Pensaba
cómo hacer
de su rostro
y el mío,
poesía.

El azar
quizá sea una
arquitectura avara.
Sin sentido,
confuso
e inclusive
llega a ser justo.

Otra vez la conocí,
de otra manera,
labios esbeltos
sabor a Patagonia,
su voz
era la prosa que
entona
el viento
en los rincones
donde cobija
sus secretos
el alerce.

Su cara se hizo
de fino cristal y
enardecía
las sábanas
que contorneaban
la locura y el pudor
que a veces,
dicen que
la solución
es el mismo
problema.

La última vez que la vi,
ya no era persona,
era la noche, la sombra,
la luna, Ella,
que acariciaba
las yemas
de mis dedos,
mientras
la conquista de
su cuerpo
no era un mero sueño.

Sin leer a Einstein
llegamos a saber,
que el tiempo es
relativo y no
universal, menos
aún ideal.

¿Serás la
vana noche
mujer,
la que se
asemeja a la
alegría?
¿será que en el día
lo precioso
deja de estar?
¿Y como
simples horas
volvemos a ser?
¿a ser o hacer,
es el dilema?

La voz de la
mañana se
hace presente…
yo me levanto,
como la cigarra…
cantando al sol.

jn.-

miércoles 9 de noviembre de 2011

Cenizas del Alma - Comentario a Los hombres de Arena

Cenizas del Alma - Comentario al poemario Los hombres de Arena de Federico Espinosa
por Jorge Núñez


Visión


Imágenes que muestran la plenitud
                del día a los hombres,
en el verdor de la llana lejanía.
Antes de que la luz decline
                         en el crepúsculo,
y la tenue claridad dulcemente
   serene los sonidos del día.
Oscura, cerrada, parece a menudo,
        la interioridad del mundo
sin esperanza, lleno de dudas,
        el sentido de los hombres,
mas el esplendor de la Naturaleza
    alegra sus días.

Humildemente Scardanelli





El imaginario colectivo sostiene que la poesía, o estrictamente el poema, versa sobre el amor, los sentimientos. Los hombres de arena es uno de esos libros que hacen de los versos reflexión, y del vuelo poético una invitación a la duda y al asombro. Pues claro, el comienzo de la filosofía fue el asombro. El destete teológico a aquellos oráculos y pitonisas tan enigmáticos. Allí donde el hombre, al decir de Nietzsche “comienza a alimentarse del árbol de la ciencia, aquel árbol que dio la fruta la mujer”. Y a partir de allí, crea su propio entendimiento, su propio saber, su propia esperanza y en definitiva su ser.



El libro se encuentra dividido en tres partes: las miradas, los hombres de arena y la transmigración del yo.
Las miradas  es el primer eslabón de esta aventura que es la “reflexión poética” de Espinosa. Fragmentado en sus respectivas partes, versa sobre la esencia de la humanidad, y la duda, la ambigüedad de la certeza mundana en lo incierto que es el universo, del que, al decir de Borges “nos cuesta hablar, porque quizás no sabemos nada de él”. El fin se presenta como inevitable, pero creo, que podemos ir un poco más allá en el análisis. Sabemos que los griegos antiguos, aquellos que inspiraron también la pluma de Federico, no toleraban la idea de finitud y siendo honesto ¿quién la acepta? La muerte en general y la finitud del ser en particular, ¿no será realmente lo insoportable de esta vida? Esta imperfección del ser, nos hace buscar más allá, por fuera del sujeto mismo, buscar allí donde nace el amor, o mas bien, como se parafrasea en La hora de los amantes, donde empieza la locura.
Me gusta pensar la idea de que la poesía no se agota en la esfera de la literatura, creo que por ello justamente La batalla del ser poeta (muy bien titulado) es ese enfrentamiento bélico entre lo lingüistico y extra lingüistico donde la soledad se equipara al grito de libertad, o al decir de S. Rodriguez: la angustia es el precio de ser uno mismo. Pero la soledad no es simplemente desenvainar la pluma y hacer de la tinta una catarsis infernal. La soledad también es una Ceguera triste donde se es ciego por elección y kamikaze por mera voluntad.
Aristóteles armó, lo que ahora gusta decir a modo de slogan, el concepto del hombre como “zoon politikon”, como animal político. Aquel hombre que se hace humano en sociedad. Que Espinosa, como aquellos críticos de la enfermedad de la modernidad, proponen que la ciudad es aquel lugar en el que parte la locura, no puede existir fuera de ella. La ciudad es una bestia incesante, una alienación constante.
La última parte de Las miradas, encontramos aires de filosofía existencialista, donde la muerte parece ser esa imposibilidad de todas las posibilidades. Como aquella noción de la angustia existencial, que hace recabar la vida sobre el libro de las faltas, o como plantea en Existencia y silencio ¿cómo inscribir la existencia en el tren de la humanidad? Donde pareciera, de nuevo la no tolerancia a la finitud, quedar inscripto en una historia, en un modo de inmortalizarse. Pero ya en esta parte, aparece algo nuevo, la noción de “falta” o más precisamente de “vacío”. Me llamó la atención como en El instante se versa sobre una ausencia, y sobre un vacío, que no está vacío. Por eso, hay aires de filosofía griega. Cuando Aristóteles habla del vacío, en De Anima, no se parece a la “nada” como la entendemos ahora, ni a un hueco como un lugar donde puede fluir algo. En Espinosa, el vacío de ese “instante”, no está vacío porque pareciera irremplazable.
Esto no tiene como fin dejar a los poemas con un tono despectivo, todo lo contrario, es bella la prosa, el contenido es propio de aquel que no se entrega al mero saber vulgar. Por ello El rostro del Cielo provoca a “ser algo”. Donde la poesía existencialista o neorrealista, invita a hacer confesiones como las de Diez Solís, o donde el canto homérico  de la lírica de sirenas, que enloqueció a la razón civilizada, sólo dejo resquicio de lo último que guarda Pandora, de lo último que se pierde, de la esperanza.
La última palabra, resuenan ecos estoicos, o aquello que Wittgenstein tan sintéticamente dice en su tractatus: de lo que no se sabe, es mejor callar.
Los hombres de Arena comienza con los durmientes del mar, aquellos cuerpos o mejor dicho, aquellas vidas sin vida que se arrastran hasta las costas posiblemente mediterráneas. El nihilismo se hace presente en la entrega de tres poemas excelentes, dónde se respira: la fórmula nietzscheana sobre la muerte de dios; la miseria que es el escribir si en definitiva, el mundo no cambia, la pobreza y la muerte son parte de nuestra sociedad; y por último, los crímenes-inocentes, que en algún momento, de la etapa más enferma de Nietzsche llegó a decir “que el peor error era nacer, y sólo se podría resolver con la muerte”. Esta tripartición de la crítica, es muy interesante ya que invita a dejar de digerir esta rutina que llamamos vida, insoluble, aquello que no puede mirar(se).
El hombre de Arena, es un hombre que funda su propio veneno, que ontológicamente está perdido, y en esto se entiende esta relación tan mitológica como griega de la determinación inevitable del destino. Aquel destino que condenó a Edipo a la ceguera. Ese destino, mezcla de Naturaleza, como bien pone en mayúscula Hölderlin, que es fuerza pura, motor inmóvil y vuelve a este mundo también, en cierta forma, un milagro. Milagro, que en la minimización, el hombre busca capturarlo en su lógica, que es la episteme platónica o la luz de alguna cueva.
El guerrero, posiblemente sea el poeta, que es objeto de la persecución del pasado, desenraizarse de esta vida es su propósito. Hacer herejía del polvo, su oficio, de aquel polvo que venimos y que todos terminaremos nuestra historia terrenal. Historia acabada por esa flecha envenenada, que hostiga al silencio, o en palabras de Espinosa, al vil suplicio. Nocturno me agrada, porque me hace recordar a una frase de cabezera: “siempre oscurece antes del amanecer”.
La transmigración del yo presenta un material mucho más extenso, dividido en: Buda, el iluminado; Los hunos, Nerón, Filípides y Nelson.
El poema a Buda es una redención, de la figura oriental que mostró que un cambio es posible, y que el goce absoluto es privilegio de unos pocos. La riqueza material suelen decir que no vale la pena en esta vida, el ejemplo de ello es Buda, o Siddartha. Mejor refiere a que la vida es una preparación para la muerte, ese es el aprendizaje o la moraleja de la historia.
Los hunos, como su nombre lo indica es un homenaje a los bárbaros que atacaron, de la mano del gran Atila; (como dice “Fede”: el magnífico azote de Dios) desde las estepas de Asia Central hasta la actual Alemania, y desde el Danubio hasta el Báltico. Un grupo que creía en la espada y el compromiso de una raza.
Nerón, no es un mito, tampoco lo es Il Cesar, son mortales como el río y el bosque del amanecer. Espinosa sabe de historia, del hombre por supuesto, pero de sentimientos también. Sentir la injusticia en las letras no es una labor para un simple novicio, ser héroe en un mundo de injusticia tampoco. La muerte de Nerón, ¿no será un antecedente de las luces o mejor dicho del amor francés?
Filípides es el cruce de cultura, es la convergencia “del arco persa y la espada griega”. Del culto por el cuerpo y la cautivación por la alhaja. Pero la batalla no acepta descansos, no acepta cuerpos débiles. Pero este gladiador no es más que otro mortal, que no entiende de mensajes como Hermes, que no lucha como Ares, y del que el recuerdo es otra historia más de las que se lleva el viento, que corre como él. Y hace discusiones sobre su historia.
Nelson, el almirante, maneja los mares, pero el jaque mate lo exige Neptuno. La expansión moderna, la conquista colonial, la más cruda expresión de la vil avaricia humana. Quizá Horatio encarnó a Cariabdis sobre madera y con aliento a polvora, quizá también esto es un invento. Y ahora sé porqué es la transmigración del yo, que más valoración del hombre occidental que grabar su nombre, su rabia, su ira y alma en la historia de lo que se suele llamar cultura. Algunos lo logran, otros buscan a Ítaca, en el más allá.
Los hombres de arena es un libro que invita a la reflexión de la historia del hombre, a la idea de vida y muerte, dualismo que nos atraviesa hasta las vísceras más íntimas. Lacan alguna vez dijo “hacen bien en creer que van a morir, si no lo hicieran, ¿podrían soportar la vida que llevan?”. Federico Espinosa seguramente respondería “no sé, pero por eso escribo”.

viernes 14 de octubre de 2011


Es de noche amiga.
Suaves senos,
que
como la copa
de un buen Cabernet
se posan
haciendo quiromancia
de mis deseos.
Color rojizo, tiziano
misterioso, como
tu vida misma.
Sabroso, como
la tinta que
se desprende de
tus besos.
El zumo nos invita
a la fiesta,
en la que en tu juego
muñeca,
dejaron de
existir los perdedores.

jn.-

Photo: Sofía Wertmiller

jueves 29 de septiembre de 2011

Cuento de locos 3

photo: Sofía Wertmiller
¡Cómo habla ese tipo! Son las siete de la mañana ¡por Zeus! A veces pienso que la vida en un edificio no era como la pensaba. A levantarse, y seguir, hoy hay bastante trabajo así que mejor si llego más temprano.
Abro la puerta, miro al departamento D, ya debe estar por salir ese cretino. Y tal es el oráculo en que me inspiro, se avecina un poco vecino. Lo miro, quizá me salude, por gentileza del quilombo que hace de madrugada. Pasa. Pasa. Otra vez no.
No sé quién se cree, mediocre. Quizá se crea la muerte en vida. O la vida en la muerte, vaya a saber… no importa demasiado.
Second day… and I believe this day is different. Soliloquios rondan mi cabeza, mi oído, y por qué nadie puede hacer callar a ese loco infernal. No espero nada, mientras me pongo mi saquito blusero, lo imagino tirando aroma a charol, olor a caviar. Qué idiota. Abro la puerta, pero esta vez se adelantó él, al orden lógico de los miércoles. Mira de reojo, ¿asustado? no creo. En fin, no saludó, movió las manos como diciendo algo, pero no saludó y eso es lo que importa.
No suelo reconocer que me importan los demás, pero este caso, no sé qué pensar. Un viejo que debe juntarse con otros viejos, a hablar de los éxitos de su vida, de sus carreras universitarias, de su pasantía por cabaret. No me gustaría llegar a esa edad, y creer ser más que otros. Se me pasó el colectivo otra vez, mother fucker.
Los días no dejan de ser diferentes, el tipo recita sus palabras y sus pensamientos de sangre azul, ni siquiera es amable en saludar. Educación llamo a eso. Claro, Don Pelo Blanco debe suponer que quiero ser cómo él, elegante, interesante, enigmático como la muerte misma.
Miércoles otra vez, este tipo no me va a ganar. Voy a quedarme hasta que se retire del edificio, siempre agarra Callao yendo a provincia.
Comienza la marcha de esos zapatos de cuero, siempre bien abetunados: dos, cuatro, seis, ascensor. Objetivo puerta D. No mencioné que pase mi pubertad ayudando a un cerrajero, cuando vivía en provincia, realmente no es difícil mientras estés preparado. Como yo lo estaba. No hay nada que no resuelva la paciencia y saliva.
Puedo entrar, me apuro, pero en el apuro me lleva un trapo en un piso tan impecable como la travesura que estaba realizando. Golpe en el occipital, ni que fuera el hacha de Raskolnikov. Desmayo.
Una nebulosa parece mi vista, que de a poco pone en órbita los parpados de la realidad. Alguien me mira, y no es conocido, me asusté y me paré de golpe. Le pregunté - ¿quién sos?-, me respondió -¿quién sos?-. Le pedí disculpas por meterme, que ya me iba a ir, y me respondió -disculpame, no quise meterme-. Le comento, que no tiene por qué pedir disculpas y me repite -yo me metí en tu casa, no tenés por qué disculparte-. Realmente no entendía nada. Cuando miré en la cocina, a la heladera, un cartel decía “Asociación de Sordos y Mudos – Lunes a viernes de 8:00 a 10:00 hs. Clases de apoyo”.
El psicólogo acomoda los lentes, creo que quiere disparar una bomba nuclear. Toma papel en el asunto y dice -tu curiosidad se debe a que no entendías quién o qué era el señor Espinosa… y su hermano-. Argumenté una defensa poco defendible. Me interrumpe -el autismo no es un trastorno leve, complica para toda la vida-. Creo que es peor de lo que me esperaba, el de recursos humanos del trabajo me dijo que iba a tener seguramente mayores problemas.
La última intervención del especialista de la psiquis, creo que fue la más dura de todas -¿por qué saliste llorando y gritando? Te comento que Espinosa no elevo denuncias hacia tu persona, y bueno, el hermano Federico te imaginás por qué no puede hacerlo- Nada justifica la cobardía. -Arriba de la heladera había un diario personal. Era del señor Espinosa. La última página escrita decía “Federico sigue creciendo y anoche se cumplieron diez años de que murió mamá, un tipo en el colectivo decía con voz desafinada que este mundo no tiene sentido, lo decía por él y por mí también”.

miércoles 14 de septiembre de 2011

Perro Cipolleño
Conjunto de poemas y narraciones del autor Jorge Núñez.
Comienza con un poema dedicado a su hermana " nos tenemos uno para el otro, como un nudo bien armado" rara relación de hermanos o acaso limpia como un hilo, porque para que haya nudo debe haber un hilo, si cortamos el hilo por dos lados dejamos el nudo en soledad, y eso es lo mas parecido al recuerdo, la más parecido  a la memoria de la infancia, a la memoria que solo los hermanos tenemos de nosotros mismos.
Esa esquina donde uno se encuentra consigo mismo, con su pasado, con su recuerdo, con sus dolores, con la voz que uno le da al desamor. "Quizás porque espero encontrar en vos, lo que pierdo en mi. Quizás realmente perdí en vos, lo que no encontraba en mi" hablar de perdida en otro ser es hablar de una derrota, pero también de un renacer con el cuerpo un poco mas herido, con los ojos un poco más llorosos. Aquí comienza el coqueteo con la locura, que parece multiplicarse en los espejos interiores de Jorge.

Tos de perro es palabra dicha al otro, al que esta pero no se ve, es palabra donde se descarga la ira, la impotencia contra la realidad que lo rodea."Otra vez vos, y tú ladrido me sacó del sueño" el perro es el Virgilio que guía a Núñez por los círculos infernales de la realidad en la que vive, en la realidad que lo lastima y de la cual quiere huir invocando al sueño, pero todo ladrido es un alerta, un caer nuevamente en el mundo y encontrar en el monologo interior palabras de desahogo que son escuchadas por un can, que puede ser todos los canes y puede ser todos los hombres y por ninguno.
"Peregrina de ciegos pasos entre barrancos y adoquines, las estrellas son cómplice de su ser, mientras desata amores que abrazan como las peores brazas." Así comienza este poema que flamea en las orillas del tango, una mujer que es tango, también es sensualidad, cisne sobre el agua, el tango en la piel de una mujer es un vino peligroso que solo embriaga con la mirada. Esta mujer tango arrasa, quema, deja ruinas de ideas, tira por el piso la primera creencia inútil de aquella mujer que nos atrapo para luego dejarnos como un cadáver que ni siquiera encuentra refugio en los brazos de la soledad.
Cuentos de Locos 2 es un cuento donde el medico va orillando el río de la locura. El escritor que juega con la locura sabe que el terreno es peligroso, que dentro de la locura los ojos del poeta se pueden perder, parece que la locura o los locos ocupan un lugar distinto en la tinta de Jorge. Quizás porque en la locura el destino no tiene forma, el destino es el loco, la locura trasciende los pasos de su victima.
Apologia "¿Como lastimas a un fantasma?" se pregunta el poeta. La herida la hace uno trayendo al fantasma de aquel lejano recuerdo, quizás el fantasma no lastima sino el recuerdo de él, así que podríamos darle una dosis de olvido. O tal vez el fantasma es eso recuerdo y olvido en el corazón de Jorge.
"Me acuesto sobre mi cama, miro tu mirada risueña y morena, que detiene el juego bélico de mis besos..." Poema de amor donde se entrecruza la melodía de la música con la nostalgia de la poesía. El amor hecho palabras, hecho recuerdo, hecho rostro de aquella mujer la morena que danza girando en el alma y nos deja el tatuaje de fuego de sus besos en la piel.
El arte como verdadera muerte de la muerte. Ensayo de mirada filosófica del arte frente al miedo del hombre, frente a la única forma de resignación que le gana a la esperanza. Pero que es el arte una forma sin forma de continuidad, acaso lo más cercano a la inmortalidad. El hombre genera arte para perpetuarse, para trascender los pasos de su sombra, ir mas allá de ella, ¿acaso la mejor obra es esa que logra dar pasos más lejanos que la sombra misma?
El hombre se para frente a la muerte como la meta final de su vida, pero cuando el arte irrumpe se desata la rebeldía, la idea de que la huesuda no es invencible. Acaso el arte es la pócima de inmortalidad dada al hombre por esos dioses olvidados, pero inmortalizados por la palabra, por la obra de un hombre, que se hizo muchos más hombres, que notaron que hay un camino para trascender a la muerte. El arte es eso el hombre más allá de su cuerpo físico, el hombre eternizado en una realidad donde la muerte solo es una de las más dulces amantes.
Cuentos de Locos 1  "Quizás sea la historia de un bastardo" un bastardo perdido en la noche, buscando respuestas, tanteando las caricias de la locura. Hay una especie de soliloquio donde se narra paso a paso lo que sucede en su interior, es que la noche es la hoja de silencio donde el protagonista va descargando sus palabras. Locos pero llenos de razón en sus palabras. Si es así concuerdo con este loco bastardo “¡Estamos medianamente bien!”
Nota: gracias A Federico Epinosa. Realmente muy a gusto con su descripción y su ayuda permanente.