domingo, 31 de enero de 2010

El criminal desde la mirada “psi” y su aporte a los aparatos de poder

El criminal desde

la mirada “psi” y

su aporte a los

aparatos de poder


Introducción:

En el siguiente trabajo se abordara la categoría del criminal y su vinculación con las disciplinas “psi”, tanto de la psiquiatría como pericia médica y la psicología como diagnóstico de conducta en la intervención jurídica del Estado al sujeto en cuestión. El interés del trabajo no es demostrar que los criminales son buenos y el estado es maligno, sino el aporte de las disciplinas “psi” en tanto extensión del campo de la psicología.

En la primer parte se aborda desde las tradiciones clásicas de la criminalística de Italia del siglo XIX con Cesar Lombroso y principios del siglo XX en Argentina con José Ingenieros, y su libro Criminología publicado en 1919 como fuente primaria. Por una cuestión de poca disponibilidad de material sobre Cesar Lombroso no se pudo desarrollar las ideas de la escuela positivista italiana, sino una reseña sobre la antropología criminal en la conducta. Por otro lado, Ingenieros uno de los médicos que lleva la psicología a otro ámbito en la Argentina de “Psicología sin psicólogos”, y que a partir de un naturalismo evolutivo ejecuta críticas a las ideas de Lombroso, aunque tiene una continuación de los pensamientos de la escuela italiana. Haciendo énfasis en lo moral del sujeto en términos adaptativos y evolutivos a la sociedad y esto, en último término incidiendo en lo psicológico.

En el segundo momento del trabajo, y como fuente secundaria, de la mano de Michel Foucault se abordará la temática de “Los anormales” (Curso en el Collège de France; 1974, 1975) y en función del criminal, mas efectivamente del acto delictivo, el despliegue de tecnologías de poder sobre el mismo para enjuiciarlo, culparlo, controlarlo, y retomando la idea de Nikolas Rose, en línea de Foucault, del gobierno del alma por parte de dispositivos como las disciplinas “psi”. El nexo entre la postura de Ingenieros y Foucault en tanto, aparece la locura como un problema para el derecho clásico, y se vuelve mas arduo el trabajo de encauzar al criminal. Es donde aparece como auxilio la psiquiatría y psicología.

Cerrando el informe se desarrollará una síntesis entre los dos autores de las fuentes: Foucault e Ingenieros. Como el encauzamiento se vuelve el crimen perfecto, ejemplificando con el film “Tango Feroz”.


El criminal desde el Derecho Penal entre la propuesta de José Ingenieros y los fantasmas de Lombroso

· La Nouva Scuola de Cesar Lombroso

El llamado padre de la antropología criminal, médico y criminólogo italiano Ezechia Marco Lombroso (1835-1909), o mejor conocido por el pseudónimo Cesare Lombroso fue profesor en la Universidad de Pavía y de Turín y en 1871 asumió la dirección del manicomio de Pésaro. Un pensador que desarrolla la teoría del delincuente a partir de una causalidad nata-biológica, ubicando el problema de la criminalidad dentro de lo patológico, y el deber médico sería estudiar al delincuente para prevenir el delito, por lo tanto un ascenso también en la escala jerárquica de poder en el aparato jurídico, ya que la intervención médica empieza a tener mayor peso en los juicios por influencia de la Nuova Scuola (Como se la llamaba a la Escuela Positivista Italiana de la cual formaba parte): las alteraciones somáticas son acompañadas de alteraciones psicológicas y morales en el delincuente.

Lombroso con postulados evolucionistas de la mano de la biología derroca al buen salvaje del filósofo Jean Jacques Rousseau, afirmando que el criminal es un peligro para la sociedad y esta categoría sostenida en criterios de involución de la especie. Por ejemplo esta teoría llevada al extremo por políticas totalitarias terminaría en la práctica eugenésica, siendo parte de la corriente de la razón moderna y el progreso; la enfermedad, decadencia eran parte también de la delincuencia. El malestar era causado por estas falencias evolutivas.

Sobre la Nuova Scuola de la mano de Lombroso se reconoce que uno de los logros es conceptualizar a la delincuencia como una patología que puede ser tratada y prevenida.[1] Además agregar que si bien la teoría de Lombroso puede ser un argumento para regimenes totalitarios, él se encuentra de Italia en la segunda mitad del siglo XIX, donde empieza a sentarse la base del proceso denominado la Italianización fascista, no se encontró material que refute la idea que el material lombrosiano haya sido utilizado por Benito Mussolini u otro, inclusive el padre de la antropología criminal en 1898 se afilia al partido socialista en Italia y acepta ser candidato para el consejo de Turín[2]. Siendo ya socialista y militante político de izquierda, por deducción lógica, es fácilmente condenable por el régimen fascista aunque los gobiernos totalitarios del siglo XX hayan sido los que mas carecen de lógica.

· Criminología argentina de José Ingenieros

José Ingenieros (1877-1925) fue un psiquiatra, psicólogo, sociólogo italo-argentino quien entre otras funciones se hace cargo entre 1902-1913 del Instituto de Criminología de la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires. En su libro Criminología expone una crítica al derecho clásico positivista de la época (1919) y a la vez consolida la función del derecho penal en su relación con el delito. Manifiesta que, la defensa social contra el delito es una función biológica de protección colectiva, y la legislación penal es la garantía recíproca de los derechos fundamentales del individuo en la lucha por la existencia.

Las instituciones sociales correspondientes a esa función se han organizado naturalmente, reflejando en el Derecho Penal las oscilaciones de la moral social, pero con frecuencia, los hombres han codificado el derecho bajo la influencia de ideas inexactas acerca de su finalidad verdadera, ya que se encuentran basadas en una filosofía que pierde eficacia (el derecho positivista) edificado en ideas eternas, inmutables, que no son eficientes bajo la actividad humana ya que , en palabras de Ingenieros: “[…]No diremos, por esto, que los nuevos ideales jurídicos son definitivos. Asentados en la experiencia de una humanidad que varía, son variables también […]”[3]

Ingenieros destaca la importancia de las instituciones sociales, definiéndolos como organismos vivos en evolución, y como la transmisora de cultura por vía de la experiencia, y sobre esta transmisión sostiene que en la experiencia social los juicios de valor asumen carácter colectivo, pues su finalidad no es la protección del individuo aislado, sino la protección conjunta del grupo.

· La moral y Lombroso en la mirada de Ingenieros.

Con respecto a la escuela positiva italiana, Ingenieros hace una crítica a la criminología fundada en esta institución que llevó la primitiva antropología criminal a una psicopatología criminal requiriendo también del valor social de la conducta delictuosa[4]. Propone una nueva clasificación de los delincuentes en concordancia con la práctica del derecho penal en formación y las nuevas tendencias penitenciarias, y en nuevas inferencias sobre el acto delictuoso producto de factores antropológicos (individuo) y de factores mesológicos (representados por circunstancias del ambiente social y físico). Presenta al derecho penal como una institución destinada a sistematizar la defensa colectiva contra los individuos inadaptados a la vida en sociedad, y que no nace como una construcción ideológica (cursiva del autor del informe) conforme a principios y ajenos a la experiencia, sino mas bien como un dispositivo reproductor de hechos, acciones y reacciones que complica las relaciones entre los individuos o los grupos que se va complejizando a medida que se complejiza la sociedad.[5] A diferencia de las filosofías idealistas, por ejemplo Platón, de las que Ingenieros se encuentra en contraposición, él no formula un ideal de moral, sino más bien una moral social en términos de adaptación y defensa que se refleja en su mayor grado evolutivo en la psiquis humana, llamando a esto concepto biofilaxia a nivel individual y a nivel social las instituciones sociales. El derecho penal es el nexo entre estos dos al ocuparse de los antisociales que afectan a la integridad social.[6]

Los conceptos de honestidad y delincuencia están vinculados con premisas morales, y según Ingenieros, surgen de la misma actividad biológica del bien (placer como actividad psíquica, útil como juicio implícito) y el mal (dolor como actividad psíquica, nociva en la experiencia) como juicios de valor. En ocasiones al leer el libro de Ingenieros pareciera tener una postura quizás mas evolucionista y biologicista, y en otras ocasiones mas naturalista y relativista con cierta semejanza al funcionalismo antropológico[7], aunque él formula el nuevo derecho como un naturalismo evolucionista.

El hombre no es ni bueno ni malo, a diferencia del buen salvaje de Rousseau o el lobo del hombre de Hobbes, sino que según Ingenieros, es relativo y contingente según la herencia biológica que recibe al nacer y según la influencia del medio social. Por lo tanto se empieza con una moral individual, pero la vida en sociedad requiere manejarse en criterios morales comunes y colectivos que mantengan el límite de lo malo o nocivo, por lo tanto la moral no es absoluta[8].

Haciendo referencia a Lombroso, Ingenieros lo reconoce como un pensador que hizo un gran paso en la criminología al ubicar al problema dentro de la esfera biosocial y no una mera categoría jurídica, pero hace una crítica sobre la morfología del delincuente, [9] porque no hay morfológicamente un tipo de delincuente, sino que para Ingenieros en ellos se encuentran anomalías morfológicas comunes a los degenerados. El delincuente-nato de Lombroso sólo adquiere existencia real desde el punto de vista de la psicología, prescindiendo de sus caracteres físicos degenerativos. Todo acto es un proceso psicológico de adaptación del individuo en relación a las excitaciones del medio que lo rodea, cometer un delito también es un acto, pero dentro de las categorías ingenierianas de la anormalidad, que lleva al delincuente al acto delictivo o no ofrece resistencia ante éste. En definitiva, el estudio específico de los delincuentes debe ocuparse de precisar y clasificar sus anormalidades psicológicas.[10] Ingenieros plantea un programa para la criminología, incluyendo dos puntos importantes para esta época (Argentina en los comienzos del siglo XX):

· Una clínica criminológica, que estudie las formas de los actos delictivos o delictuosos, y los caracteres fisiopsiquicos de los delincuentes, para fijarse en la temibilidad del delincuente

· Una terapéutica criminal, que estudie las medidas tanto sociales como individuales de profilaxia o de represión del delito, para procurar la defensa social, contra la actividad morbosa del criminal[11]


El criminal, un monstruo humano desde la perspectiva foucaultiana

· Qué es un anormal y un monstruo político. El temor del soberano.

Dentro de las clases dictadas entre 1974 y 1975 con el nombre de Los anormales, Michel Foucault (1926-1984) describe como se constituye la anomalía (entre otras cosas) en el siglo XVIII y XIX, desarrolla el concepto del monstruo humano: éste se ubica dentro de la esfera de lo jurídico, pero lo que caracteriza al monstruo es una doble infracción de las leyes tanto jurídicas como naturales, a partir de su existencia ya está condenado por estar fuera de la ley y por ser una aberración a la naturaleza[12]. Por lo tanto se observa, como el monstruo se mantiene en el campo de lo que Foucault denomina jurídico médico. El monstruo, una manifestación de la anomalía de lo humano y lo natural, es quien pondrá en cuestión al derecho (que no lo permite funcionar) y será el poseedor de un yugo de criminalidad potencial; que de a poco se pasará a invertir la criminalidad del monstruo en la monstruosidad del criminal, en el sentido de que, como explica Foucault, no hay naturaleza en el crimen, sino todo un despliegue de estrategias del poder en combate a partir del crimen y en torno a él, que se desarrollará mas adelante.[13]

[…] La monstruosidad es una irregularidad tan extrema que, cuando aparece, pone en cuestión el derecho, que no logra funcionar. El derecho está obligado a interrogarse sobre sus propios fundamentos o bien sobre su propia práctica […] a recurrir a otro sistema de referencia o, por último, a inventar una casuística. El monstruo es, en el fondo, la casuística necesaria que el desorden de la naturaleza exige en el derecho […][14]

A partir de la revolución burguesa del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX se dará comienzo a nuevas tecnologías del poder y del cual la disciplina será una pieza esencial, donde se dará el paso del ceremonioso suplicio a la disciplina-castigo sobre el criminal,[15] y éste último concebido como un déspota que vuelve (y puede demostrar cómo volver) al estado primitivo, en referencia al contratos que nos hablan John Locke y Jean-Jacques Rousseau, por lo tanto dejaría de lado el poder del estado, siendo el criminal un manifiesto subestimador del poder del soberano. El delincuente al ser un exponente del interés egoísta del estado primitivo y frente a la naturaleza es un contranatura, a partir de este momento se comienza a patologizar la criminalidad, se vuelve un monstruo por naturaleza criminal.[16] En lo sucesivo por una nueva economía del poder punitivo sólo se castigará en nombre de la ley, pero el culpable ahora se encuentra dentro del orden de lo patológico que se juzgaran como criminales pero en la dicotomía de lo normal y lo patológico, y como un ejemplo se puede tomar a Cesar Lombroso.

· Lo jurídico con respecto y al respecto del individuo.

Karl Marx y Friedrich Engels nos hablan de lo jurídico edificado en lo que llamaron hipocresía de base:

[…] Los individuos que dominan bajo estas relaciones (propiedad privada, división del trabajo) tienen, independientemente de que su poder deba constituirse como Estado, que dar necesariamente a su voluntad […] una expresión general como voluntad del Estado, como ley, expresión cuyo contenido está dado siempre por las relaciones de esta clase […].[17]

En síntesis, deben manifestar el interés privado como interés publico a parir de la ley. Por lo tanto se trata decir que el criminal se encuentra dentro de una postura que puede poner en jaque el poder del soberano, y que la ley en definitiva es la protección jurídica del mismo, además de formar parte del dispositivo de gobierno, se puede articular a la ley y su efecto con la vida privada de los sujetos y su subjetividad y los intereses públicos del Estado, o en términos de Nikolas Rose de regimenes de verdad[18] que gobiernan y autogobiernan a partir de estas tecnologías a los sujetos dentro de la sociedad. Con respecto a las categorías de las cuales la psicología formó parte de la construcción de tecnologías de poder: que determinan la conducta de los individuos con fines o por dominación que consiste en la objetivación del sujeto[19]; y como dominio experto sobre la subjetividad.[20]

En todo caso la ley como institución es un aparato represivo de estado, en tanto en instancia extrema ejerce la violencia sobre quien no cumpla la ley (por ejemplo a través de la violencia policial) y aparato ideológico del estado[21] en tanto se mantiene en dominio privado de una clase, y funciona mediante ideología (mas específicamente de la clase dominante).

· La pericia psiquiátrica y el diagnóstico psicológico como auxilio del poder entre Foucault e Ingenieros.

En lo que se refiere al criminal en la obra de Ingenieros, la mayoría de las oportunidades habla de términos adaptativos, antisociales, y que altera la integración social y para agregar es nocivo para la sociedad, pero con respecto al delito manifiesta que es una transgresión de las limitaciones impuestas por la sociedad al individuo en la lucha por la existencia.[22] Se observa como puede articularse por lo tanto violencia e ideología en los dispositivos de poder y las disciplinas que forman parte del Estado, porque cómo Ingenieros menciona que antes el delito era la violación de una ley[23]. Redundando en que el hombre era conciente de sus actos racionales, hasta la aparición de la locura[24], agregando con respecto al artículo nº 64 que menciona Foucault: “no hay crimen ni delito cuando el delincuente se encuentra en estado de demencia en el momento de la acción o cuando es obligado por una fuerza a la cual no puede resistirse[25].” En el código penal argentino se encuentra un análogo en el artículo nº 34:

No son punibles:

1º. El que no haya podido en el momento del hecho, ya sea por insuficiencia de sus facultades, por alteraciones morbosas de las mismas o por su estado de inconsciencia, error o ignorancia de hecho no imputable, comprender la criminalidad del acto o dirigir sus acciones.

En caso de enajenación, el tribunal podrá ordenar la reclusión del agente en un manicomio, del que no saldrá sino por resolución judicial, con audiencia del ministerio público y previo dictamen de peritos que declaren desaparecido el peligro de que el enfermo se dañe a sí mismo o a los demás. […] [26]

La pericia psiquiátrica y el diagnóstico psicológico permiten un doblete moral-ético a la hora de evaluar el crimen, y a partir de la condena se manifiesta la economía punitiva del poder: “la sanción tendrá que administrarse de tal manera que se castigue exactamente lo necesario para que el crimen no vuelva a comenzar, y nada mas”.[27]

En primer lugar, repite tautológicamente las características del hecho volviéndolas propias de la conducta, es decir el delito se vuelve personalidad. En segundo lugar, este proceso burocrático tiene cómo función desplazar el nivel de la infracción de la realidad, ha nadie se lo infringe por “inmadurez psicológica”, por ejemplo, para mostrar como el individuo se parecía ya a su crimen antes de haberlo cometido.[28] Entonces la pericia psiquiátrica permite trasladar el punto de aplicación del castigo, de infracción definida por la ley a la criminalidad evaluada desde el punto de vista psicológico moral y a su vez duplicar el delito, por lo tanto la infracción porque al volver al criminal (que ya está fuera de la ley) con ese proceso de construcción de diagnostico en alguien de naturaleza antisocial, si se quiere, se lo vuelve un monstruo, un anormal, en tanto infringe lo jurídico y el orden de lo natural. La psiquiatría se vuelve juez.

La psiquiatría entonces, para Foucault, comienza a ocuparse de la precaución social, como higiene del cuerpo social en su totalidad, y para el asunto de la locura lo resolvió volviéndola patología, traduciéndola en enfermedad como precaución social.[29]


Se acabó el enemigo: la negociación. [30]

· El crimen Feroz

A partir del recorrido del trabajo (con los límites de tiempo y de nivel de profundidad en el tema) se observa en cuanto contribuyó la psicología como herramienta para los juicios de valores sobre personas categorizadas como delincuentes, criminales, antisociales, anormales, etc. Y como desde la perspectiva foucaultiana, puede tomarse en cuenta el despliegue de tecnologías a partir del acto delictivo, por ser el monstruo alguien que no adapta su moral a la moral social, siguiendo la moral para Ingenieros.

El título del apartado fue extraído del filósofo francés Jean Baudrillard, y concluye el trabajo en decir: como al crear la ciencia del delito, se ha buscado la forma de acabar con el enemigo, inclusive cuando la locura se presenta como problema. El aporte de la psicología y la psiquiatría a la práctica jurídica también implica una negociación, una mayor jerarquía, sobre todo de la psiquiatría.

En este sentido, toma relevancia la patologización de la criminalística que se aborda en la primera parte del trabajo (Pág. 3), y el pasaje de la criminalidad del monstruo a la monstruosidad del criminal (Pág. 5): tenemos el crimen perfecto[31]. Porque para Baudrillard “si no existieran las apariencias, el mundo sería un crimen perfecto […] la esencia del crimen: si es perfecto, no deja huellas”[32]. En el trabajo se toma haciendo referencia a que el Estado se encargó de borrar las apariencias y volver al efecto una causa en el criminal, redundando respecto del aporte “psi”, a la hora de tomar riendas sobre los juicios de valores. El criminal puede ser encerrado.

Para dar un ejemplo de esto, en el film argentino “Tango Feroz: la leyenda de tanguito” [33] en la escena que se encuentra Tanguito frente al juez, que por tener conductas violentas en el Shopping al escuchar su tema alterado al ser vendido por sus amigos termina en un juzgado. El juez lee los antecedentes del adolescente en cuestión. Había pasado un año en la cárcel por no querer colaborar con el comisario que le pide que haga de espía, al resistirse le muestra que tiene droga para encauzarlo. Ya quedando tachado de criminal por su antecedente, su manera de vestir, y al alterar el orden social (cursiva del autor) hay demasiadas causas para encerrarlo. En esta escena produce soliloquios terminando con la frase “¿usted cree en la justicia?” hacia el juez, a quien nunca podría poner en duda su poder, ya que es un hombre de la ley. Tanguito termina en un manicomio, degradado por los psicofármacos y sobre todo lejos de los adaptados.

El ejemplo es rudimentario, incluso no participa ningún agente “psi” pero lo que se quiere explicar es como el acto violento de Tanguito (efecto) se vuelve causa para atribuir características de alguien que se debe encerrar, de un criminal y sobre todo con la pregunta: ¿Ud. cree en la justicia?, porque está poniendo en duda no sólo la función del juez sino del aparato jurídico en su totalidad. Al mostrarse como déspota, como la casuística del desorden natural propio del estado primitivo, se lo convierte en monstruo, que debe ser encerrado, para no alterar el orden social.

Bibliografía

ALTHUSSER, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de estado, Freud y Lacan. (s.l) 1969. En: http://www.elortiba.org/althus.html

BAUDRILLARD, Jean. El crimen perfecto. La otra cara del crimen. Tercera Edición. Barcelona. Anagrama. 1996

CODIGO PENAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA. Quinta Edición. Buenos Aires. Zavalía. 2009

FOUCAULT, Michel. Los anormales. Clase del 22 de enero de 1975. 1ra. Edición. Buenos Aires. Fondo de cultura económica. 2000.

FOUCAULT, Michel. Tecnologías del yo. I Tecnologías del yo. Contexto de estudio. Barcelona. Paidós. 1990.

INGENIEROS, José. Criminología. Madrid. (S.f.) Daniel Jorro Editor. 1913

LEAHEY, Thomas. Historia de la psicología. Cap.12 La psicología despega. Madrid, Prentice Hall, 1998, 4ta edición

LOMBROSO-FERRERO, Gina. Vida de Lombroso. México, Panoptes.1940 En

http://books.google.com.ar/books?id=MZ0Zd5yAMLwC&printsec=frontcover&source=gbs_v2_summary_r&cad=0#

MARX, Karl y ENGELS, Friedrich. La ideología alemana. 4ta. Edición. Buenos Aires. Ediciones Pueblos Unidos. 1973.

PESET, José. “Genio y degeneración en Gina Lombroso” en CSIC (Instituto de Historia, Depto. de historia de la ciencia). En: http://www.frenia-historiapsiquiatria.com/pdf/fasciculo%201/121-genio-y-degeneracion-en-gina-lombroso.pdf

PIÑEYRO, Marcelo. Tango Feroz: la leyenda de tanguito. Instituto Argentino de Ciencias Audiovisuales (IACA) 1991

ROSE, Nikolas. Governing the soul .Introducción. Londres y N. York, Routledge, 1990. En: http://www.elseminario.com.ar/biblioteca/Rose_Gobierno_Alma_cap1_4.htm



[1] José Peset: “Genio y degeneración en Gina Lombroso” en CSIC (Instituto de Historia, Depto. de historia de la ciencia). En http://www.frenia-historiapsiquiatria.com/ p. 2

[2] Gina Lombroso-Ferrero. Vida de Lombroso. Acontecimientos públicos y privados (1898-1904). En http://books.google.com.ar. p. 217.

[3] José Ingenieros. Criminología. Cap I.- La formación natural del Derecho Penal. II - La nueva Filosofía del Derecho y el Derecho Penal. p. 14

[4] Ibíd. p. 10

[5] Ibíd. p. 17

[6] Ibíd. p. 20

[7] Thomas Leahey. Historia de la psicología. Cap.12 La psicología despega. Madrid, Prentice Hall, 1998, 4ta edición. p.412

[8] Ingenieros, Ibíd. p. 24

[9] Ibíd. p.96

[10] Ibíd. p. 101

[11] Ibíd. p. 84

[12] Michel Foucault. Los anormales. Clase del 22 de enero de 1975. 1ra. Edición. Buenos Aires. Fondo de cultura económica. 2000. p. 61

[13] Ibíd. p. 87

[14] Ibíd. p. 69

[15] Ibíd. p. 89

[16] Ibíd. p. 91

[17] Karl Marx y Engels Friedrich. La ideología alemana. El nuevo testamento: el “Yo” El propietario. La ley. 4ta. Edición. Buenos Aires. Ediciones Pueblos Unidos. 1973. p. 386.

[18] Nikolas Rose. Governing the soul .Introducción. Londres y N. York, Routledge, 1990. En: www.elseminario.com.ar. p. 2

[19] Michel Foucault. Tecnologías del yo. I Tecnologías del yo. Contexto de estudio. Barcelona. Paidós. 1990. p. 48

[20] Rose, Ibíd. P. 9

[21] Louis Althusser. Ideología y aparatos ideológicos de estado, Freud y Lacan. El estado. Aparatos ideológicos de estado. 1969. En http://www.elortiba.org p. 17

[22] Ingenieros, Ibíd. p. 25

[23] Ibíd. p. 7

[24] Ibíd. p. 52

[25] Foucault. Los anormales .Ibíd. p. 31

[26] Código penal argentino. Título 5: Imputabilidad. Zavalía. 2009. Por extensión del artículo se acotará a lo necesario para la exposición. p. 15

[27] Foucault. Ibíd. p. 89

[28] Ibíd. p. 34

[29] Ibíd. p. 115

[30] Jean Baudrillard. El crimen perfecto. La otra cara del crimen. Tercera Edición. Barcelona. Anagrama. 1996 p. 56

[31] Ibíd. p.6

[32] Ibíd. p.9

[33] Marcelo Piñeyro. Tango Feroz: la leyenda de tanguito. Instituto Argentino de Ciencias Audiovisuales (IACA) 1991

No hay comentarios: