

Magdalena me llamaste un día,
y estúpida, te pensé libre de pecado.
No sólo tiraste mil piedras,
confundiste amor con censura,
con tal de cumplir fálicamente tu voluntad
Miro al cielo, y en este silencio
las estrellas siguen girando
¿por qué ninguna se detiene para mí?
Llévenme, alguna, la que sea,
hasta el rimel me subestima,
y no deja malear estas llagas, ni esta cicatriz.
Cruel censura,
que en el más ínfimo instinto
se devela la condición de mujer…que inerva un infierno
en el que la noche es fiel espectadora
No me gustas cuando callo,
no porque esté ausente
sino porque en las sombras,
disparo huellas que recubre el olvido
mientras padezco, eso que los hombres llaman vida.
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