sábado, 9 de octubre de 2010

Barro de historia

Aquí me tienes. Y como un extraño me sientes. Qué pasa en tu mirada ¡Qué pasa que no dices nada! En tu rostro veo una cicatriz, no es de un golpe, sino de una herida, de un cirujano sin bisturí, y habla por sí misma. Ya sé, me olvido, que no hablamos del pasado.
En fin, aquí me tienes, y me muero por rendirme ante el mar de tu cuerpo, y sentir ese pudor eléctrico que escribió cada uno de tus besos, y que borran tus palabras fuera de orbita. Hay días, y días, como aquél cuando el cordero se volvió lobo del lobo. O aquél, que quisiste moldear el barro de nuestra historia, para la comedia nocturna de la cena familiar en tu casa. Escupiendo letras afiladas, con sabor a nada. Olvidando que nos queremos porque no nos entendemos.
Resuenan tangos decapitados ¡te acordás! Son la orquesta que nos tumba el corazón, y nos cambia de lengua. Nos cantamos con el cuerpo, y los versos se desploman ante el encuentro de mis dedos que se enhebran en tus senos, ante la ecuación de mis silencios, ante los pentagramas que entonan nuestros suspiros. Cuando el amor nos hacía…
 Mujer… podrías dejarme… salir de cada segundo que recojo de mis pensamientos. 

jn.-

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola!
Me encantó esta parte:
...los versos se desploman ante el encuentro de mis dedos que se enhebran en tus senos, ante la ecuación de mis silencios, ante los pentagramas que entonan nuestros suspiros...
Muy bien. Segui asi Jorgen!!
Saludos, MUCHITA.