
por Jorge Núñez
“Paco” es la última película de Diego Rafecas, un director relativamente nuevo y argentino. Este largometraje, presenta una serie de fallas estructurales en la sociedad argentina posmoderna. Sabemos que toda producción simbólica depende de un contexto, eso lo sabemos sobre todo con Bourdieu… entonces desmenucemos.
Freud en un artículo habla de lo angustioso que es, cuando algo de lo más íntimo se vuelve ajeno, traduciéndolo en un rasgo siniestro, ominoso que debe mantenerse oculto si retorna con esta impresión. De cierta forma, la senadora como otros padres, no reconocen, no quieren a ese hijo adicto, a ese excluido marginal. Nina, directora de la institución de rehabilitación le dice muy honestamente a unos padres: “la forma de vivir bien (con este problema) es aceptarlo”. Podemos articularlo a lo que nos dice Isaacson, a un nivel macro: es necesario redescubrir el país que amamos aun a través del país que nos hiere. Si vemos siempre el problema, no avanzamos en nada.
Dentro de la estructura familiar, se ven una serie de falencias que se asemejan a otras películas como Dead Poet Society y Ordinary People. Los puntos de coincidencia radican en que los padres, son los que en persecución del apoyo en la especulación del otro, se pierden en el bosque de la inautenticidad. En el primer film norteamericano, es el padre quien teme que lo juzguen como mentiroso. En el segundo, la madre crea un velo en el cual inventa argumentos para desmitificar los problemas del hijo, con tal de no verse en problemas. En Paco, la madre tiene una reacción tardía, y del padre nada se sabe. Pero atraviesa a todos estos ejemplos, un sentimiento de extrañeza.
Con esto vemos, en nuestra película, de qué manera el teatro neoliberal ocupa una inscripción fundamental en el hombre, no sólo por los padres, también por la sociedad que patologiza a los que menos recursos tienen, los ve como extraños, y los entrama como la fuente de los problemas.
A los anormales (quienes salen de la norma), nadie los quiere. Leamos un poco Martín Fierro: No tiene hijos ni mujer, ni amigos ni protetores, pues todos son sus señores, sin que ninguno lo ampare: tiene la suerte del güey, y ¿donde irá el güey que no are? Realmente este sistema, que promueve la enajenación, se interesa sólo y en tanto alguien pueda vender su trabajo, sea el trabajo que sea.
Nora, la empleada de la que se enamora Paco, es llamativo que canta muy parecido a la protagonista de La teta asustada, film peruano que compitió por el Oscar contra El secreto de sus ojos, y ¡ojo! también es empleada, y también viene de una clase social baja. Es simpático que la cortina musical, cuando aparece esta muchacha, canta “la cumbia me hizo así, así, así”.
La institución donde se trabajan adicciones, por un lado tiene desordenes institucionales, un doctor que no le importa mentir por sobornos eróticos, falta de sustento económico y una mujer contra el mundo. El grupo con el que se trabaja, va desde una pareja que entraría perfectamente en el elenco de Trainspotting, una artista no reconocida por sus padres y (re)conocida por el VIH; un ayudante que se angustia y se inyecta heroína; otros escupidos por el sistema y Paco.
La salud deja de ser un estado, tampoco es un mercado, para hacer y a-ser un desperdicio, que se puede bastardear desde cualquier lado, inclusive de la base de nuestra cotidianeidad. Cuestión que quebró al paradigma positivista: ¿Cómo adaptarse a una sociedad, cuando esta es la enferma? Respondemos fácil: adhiriendo a una adicción. Adicción de todo tipo, drogas, alcohol, televisión, mal humor, comedor, estafador, etc. El Rocker de los internos, cuando llega a la institución, comenta que consume droga “para soportar la gilada”. Como esa utopía que trasciende la tontera, de “escaparse de la realidad”. De la realidad no podemos escapar solo podemos construirla o destruirla, pero es la que nosotros pre-sentimos. El hombre es la medida de todas las cosas, lo sabemos desde Protágoras, pero también es la porquería.
Las instituciones (policía, hospitales, el estado) también son defenestradas en el film. Los problemas no hacen distinción, quien hace distinción es uno. Pero la crisis está en el fondo de todo esto, es estructural.
La película es buena, si se la mira con atención. Lo interesante es ver lo que no funciona en lo real, aparece como síntoma. En ciertas partes hay exceso de patologización de sectores, a mi parecer. Pero creo que es necesario no tomarla como un ejemplo, muchas veces se mira hacia fuera lo que no podemos hacer adentro, y con eso creemos el tema resuelto, y cambiamos de canal. Mientras masacran y martirizan a estas víctimas del vaciamiento.

Paco, no es un caso aislado, existen Cromañones, Cartoneros, Cirujas, tantos otros, que forman parte de esta Republica de Olvidados, o más bien de una res pública que el sistema, ni la sociedad saben qué hacer con ellos, y mediante distintos planes busca una esterilización. Que se demacran cada vez mas, en un país que cree en un dios que se compra por TV, como algo dentro del catálogo de tantas drogas de exterminio.
Publicado en Revista Alter Ego Nº 1.
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