domingo, 17 de octubre de 2010

Milonga pa’ recordarte, milonga para un ratero vulgar… de apellido Manzione.


Homero Manzi, un poeta en la tormenta. Un film argentino del 2009, y que vale mucho la pena ver. ¿Por qué? Porque Manzione no sólo creo éxitos de tango, milongas, también fue profesor de universidad, militante político, director de noticias, perseguido, director de cine, presidente de SADAIC entre otras necesidades.

Por suerte hace rato se dejó de creer en esa historia, que rotulaban como oficial. Ahora ésta, se critica y a consecuencia, se desmitifican héroes sobrepuestos en los discursos de días festivos y en las calles de las ciudades. Esto queda reflejado, en el film muestran como persona a una persona.
Siguiendo la ficha técnica, es la última de producción del director y guionista Eduardo Spagnoulo, que en una entrevista reconoció haberse conmovido con la historia de Homero Nicolás Manzione Prestera y llevó a producir la película. También escribió sobre la antinomia piratería y derecho de autor en un trabajo interesante que circula por internet. El papel principal de este film, está encarnado en Carlos Portaluppi que luego de la película, ha grabado Por tu culpa, que trata sobre violencia; y Horizonte Vertical, en un papel secundario.


Vemos en otras producciones argentinas “recientes”, relacionadas al tango, como en Fantasmas de Buenos Aires de Guillermo Grillo, como se entremezclan la historia de un espíritu borracho de tanguero y un pibe bueno y lentejón, en forma de comedia; otro ejemplo, El último aplauso de Germán Kral, un documental del bar del Chino de Pompeya y quienes mantienen vivo ese lugar donde el culto al tango, es similar a los rituales en los oráculos griegos. El film de Spagnoulo es una producción que brinca de un rubro al otro. Por esto, es difícil definir estrictamente si es película o documental, parece una mezcla a estilos, por ahí, adoptados por el director Pino Solanas.



En este largometraje, donde también participan artistas como Angélica Torres, Martín Slipak y Silvina Bosco, ha sido definido por sus realizadores como “una ficción documental” que utiliza la ficción para retratar la actividad musical y recrear el ámbito político en el que incursionó este destacado referente del tango argentino.
Agradablemente se recitan poemas, y se despliegan firuletes porteños que hacen acordar barrios como San Telmo, retumbando ecos no sólo de Gardel, también del polaco. Además se acoplan fragmentos de creaciones de Manzi en el séptimo arte, entrelazando la historia principal.
Haciendo un recorrido por la biografía, en el inicio encontramos al protagonista, en un barrio que refresca la memoria, de obras de teatro como Los dizfrazados de Pacheco, donde muestran la convivencia en barrios porteños a principio del siglo XX. No sólo por la escucha de lenguas extranjeras parlando, sino también por la inmigración nacional hacia las metrópolis, donde hay posibilidades.
Confeccionado en la política, y en una cronología perfilada por un repaso de historia nos guía; desde la asunción de Irigoyen, crisis, guerra, la reforma universitaria del ’18, el pacto Roca-Runciman, entre otros acontecimientos que vive Manzi, y cómo lo influye a la hora de crear producciones. También, muestran a Manzi como una suerte de Cupido, para fortuna de una de las parejas más particulares del siglo XX en Argentina.


Hay una analogía, muy interesante entre la política y la lógica deportiva del triunfo, que hace el polémico Barbeta, quien dice: lo que importa es la tabla de posiciones, donde todo queda bien, hasta comprar un jugador de la vereda de enfrente. Traducido en un tango de Celedonio Flores: sino me ayuda dios, que me ayude satán, del censurado tema Pan. Siendo profesor en una facultad de derecho, es raro que no tenga en cuenta el aforismo maquiavélico que dicta que no hay que ser moralmente bueno, sino políticamente eficaz. Sin más revuelo desde Kelsen, sabemos que oficialmente la justicia es subjetividad.


Para hablar de otros film biográficos, se me vienen a la mente el inigualable Citizen Kane de Welles, o el éxito de Zemeckis, Forrest Gump. En los cuales, uno como es espectador, es difícil no compenetrarse, emitir juicio en los finales de dichas producciones, es muy bueno esa reacción, esa intencionalidad de los directores. Recordemos el insustituible Rosebad del director de periodicos, que incesantemente lo lleva a querer completarse imaginariamente, optando por variantes no sólo de bienes materiales, también en tanto aumenten la reputación. En el film de los ’90, es un poco más confuso el deseo en juego. Si bien Forrest es un good boy, no queda claro si es el deseo de la madre o el suyo, o de ambos, que lo lleva a formar un curriculum multifacético encarnado en una buena historia. Otro ejemplo puede ser Freud de John Huston de 1962, aquél film que al padre del psicoanálisis se lo interpreta como una persona más, sin ninguna condición extranatural, cuestión que algunos historiadores sobre todo, les molesta reconocer.
foto de pelisargentinas.com
Para optar una interpretación podemos tomar la formula de Sartre: el hombre es lo que él se hace; o como le gusta decir al Dr. Feinmann “el hombre es lo que hace, con lo que hicieron de él”. Manzi, el último payador, tiene una necesidad permanente de perpetuar y desplegar su deseo con tal de demostrar que eso que llaman sentimiento argentino, tiene peso, en fusión con sus principios. El estancamiento del tiempo, de las metas, de los proyectos, es sólo responsabilidad de uno mismo. Si tomamos por ejemplo, dos obstáculos que detienen a Manzi parcialmente, como la persecución en su tránsito universitario, o el desmonoramiento de FORJA.
Muchas veces ante estos “fracasos” uno puede estancarse o fácilmente abandonar esas motivaciones, pero lo que rescato, y quizá soy reiterativo, es que un tipo del interior como Homero, logró quedar en la historia de un pueblo por su instinto combativo, ante tragedias, como las de aquél erudito que llevó el mismo nombre.
El pleito con la muerte, creo que nadie lo ha vencido, hasta que no despierten a Walt Disney no lo sabremos. Pero volviendo a lo nuestro, Heidegger nos decía que la muerte es la imposibilidad de todas las posibilidades, es ese detener del tiempo, donde el ser se fina. Realmente el golpe de cáncer hace retumbar las viseras de nuestro personaje, que por más intento, no hay con qué darle. Los buenos se van y los malos nos quedamos; no sólo escribo esto, porque murió joven, sino porque realmente era una persona que, comprometida con sus principios, lucho hasta el último aliento. Algo que falta contagiar, no sólo a políticos, músicos, sino a la sociedad en general; faltaría irónicamente “esa peste de Añatuya”.

Homero, no sólo fue un poeta ilustrado que introdujo de las mejores letras en el tango, sólo con analizar dos versos de Malena, uno queda fascinado en la estética de las palabras y metáforas utilizadas. Hay unos datos curiosos, por ejemplo que él no utilizó el lunfardo como sello característico, a pesar del peso del tango; por otro lado, nunca editó un libro, siendo uno de los mejores escritores que preparaban el escenario para la década del ’40, época memorable de la música rioplatense. Amargura del sueño que murió, y que tenemos el agrado de tenerlo presente en un buen rodaje fílmico.



jn

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