viernes, 23 de julio de 2010

Carta a Jorgito


19 de julio de 2010
Carta a Jorgito:
Hace mucho que no hablamos. Disculpá si me he olvidado de vos, pero ya sabés cómo es la cosa cuando pasa el tiempo, cuando uno crece; si es que crece realmente o si es tiempo lo que está pasando. Uno se vuelve más aburrido, más blanco y negro, y no tiene la manía de pensar como lo harías vos. Tan simple armabas guerras de caballeros contra indios aliados a un perro sin nombre, y te compensabas sólo una copa de arroz con leche. Con eso te entretenías más que lo que puedo hacer yo, entre tabacos en una senda de humos hacia colectivos.
¿Te acordás de tu primer amor?, aquella que nunca se enteró que fue tu novia, y que, escondido atrás de la puerta de la salita azul esperabas que llegue para hacerle cosquillas en el cuello. Bueno te comento que así no es el amor. Las cosas no pasan por cosquillas, ni siquiera sabés a qué hora puede llegar a suceder una cosquilla, una risa, ni un momento, sólo debes dejarte llevar. El amor se parece a esa estatua con balanza y ojos tapados. Es el lugar donde uno pone cosas en un lado y en otro, sin hacer mucho contrapeso, pero no se puede ver realmente qué es lo que está pesando más.
El tema con tus padres, también cambió, al menos yo lo pienso así. Creo que ellos no. Se enojan porque ya no me parezco a vos, y es más, yo te traicioné diciéndoles que no me importas. No te enojes, pero dejé, por un lado, la estrella que buscabas después del ocaso, pero también dejé al fútbol por la guitarra, y a ésta después por el estudio; y así estoy.
Aquí me tienes deportado, como un extranjero en mi propio cuerpo y vos ¿qué haces ahí, que no mandas ni señales de humo? Estás cada vez mas chico, pero ¿acaso seguís luchando en el desierto de mi memoria?, porque pucha que lo ví seco; creo que hace rato no lo riego. Es verdad, intenté ponerlo en renta. Pero siempre supe que me ibas a esperar. Acá estoy, los dos nos tenemos el uno al otro, ¿sabés? Cuando quieras volvé, mamá te extraña, y yo también.
No te puedo decir que es la vida, no quiero decirte que hice con tu batallón, ni con tus sueños, ni con tus manitos que decoraban el rostro de mamá. Pero Jorgito, te cuento que tengo muchas equivocaciones grandes y que lastiman, pero eso me habla de que estoy viviendo, y que la vida no me está pasando por encima. Cada día me parezco más al cadáver que voy a ser. Uno con el dolor aprende más que con la alegría, ese condimento que borboteaba en tu sonrisa y que las flores se apuraban en abrir sus capullos para hacerte la mejor replica.
En fin, tenía muchas ganas de escribirte, y decirte realmente que tengas, mañana, un buen día.
jn.-

viernes, 16 de julio de 2010

Cuento de Locos 2


El loco que creyó leer al que estaba loco

09 de agosto de 1989.-

Un reconocido médico se levanta de mañana. Toma el diario y lee los titulares. Le llama la atención uno en particular: “Interno se escapa de manicomio y muere en accidente de tránsito”. En breve comenta – ¡Qué tipos estos! Uno que se preocupa por todas las cosas, y ellos tan fácil tiran la rienda –. Prepara todas sus cosas y se dirige al trabajo.

Una tarde atareada, pero común. Estar a cargo de la salud de individuos no es cosa fácil, menos cuando estos mismos se proponen ser enemigos de la misma. Bueno, al fin y al cabo cada uno decide sobre sí mismo ¿no?

A partir de esta idea el médico comienza a indagarse si cada uno realmente puede decidir sobre uno mismo… ¿Qué le pasó al loco que tiró rienda suelta? ¿Se tiró por que él quiso?

Se propone releer la noticia, pero esta vez con atención. Buscando la vuelta a la locura del tipo, él es médico, si bien no entró en el campo de la psiquiatría algo puede concluir, algo puede argumentar. Son personas de sostén biológico, quizás algún déficit neuronal, o esquizofrenia. En todo el DSM-IV sería de auxilio, al menos referencial.

Después de leer la noticia, que con el mero título daba a entender que no entraría en el tema del interno (¿quién quiere hablar de locos? de su vida nadie). La noticia era el accidente, no el loco. Él médico comienza la búsqueda de archivos e información de este sujeto. A la vez que comienza a meterse en enredos consigo mismo.

11 de agosto de 1989.-

Se dirige al manicomio, como a nadie le interesa, seguramente acceso tendría. Más siendo un profesional en el área, algún argumento espontáneo, fortuito podría sacarlo del apuro. Y así fue, no había nada que no saliera de sus redes especulativas. Logró entrar, logró encontrar una carpeta con notas del loco en cuestión, logró lo que quería (como siempre lo había logrado justamente).

Dentro de la carpeta, no encuentra más que adornos burocráticos de relleno ilustrativo y bien enmendado, como para que no se cuestionara la imagen del loquito. Pero como anexo de un libro interesante, se encuentra un par de notas del suicida, las que seguirán como un genio maligno a la conciencia del médico.

La gente se conforma en sentirse feliz de soportar mentiras cotidianas, viviendo a expensas de las sombras, o bien siendo parte de esta”. – ¿Qué son las sombras? ¿Quiénes forman parte de estas? ¿Yo soy feliz siendo médico? –. Se pregunta, se clava una daga de interrogaciones y de paso un trago de cicuta.

Comienza un sorteo de preguntas intercaladas, un desfiladero de incertidumbres que mezclan entre deseos y fastidios a nuestro médico, se desvanece ante la duda.

Lo primero, o lo más fácil, en responder es: ¿es feliz ayudando a personas, o no?

Es su oficio, su profesión, para lo que estudió una maratón de horas cátedras, horas cafeína y horas nicotina, su fin que se propuso en algún momento era aquél, su función era aquella. Pero las sombras no tenían respuesta. O él no las podía ver, pensó – justamente siendo sombras no podría verlas, si no están a la luz. Puede ser que realmente estaba loco este tipo, y no controlaba su palabrerío; pero quizás también algo de aquello tenía un fundamento –. No sería una tarea fácil, menos tolerable para su ciclo onírico, del cual agregar un plus de reclamos familiares.

Él medico no volvió a ser igual.

16 de agosto de 1989.-

Tras horas pesadas de trabajo, problemas laborales, familiares, y más “ares” no tuvo tiempo de leer alguna otra frase de aquél profeta kamikaze. Pero se pone los pantalones en su lugar, y retoma frases de aquél susodicho. Estas letras comienzan a tener un peso desequilibrante que empieza a gustarle al médico: el silencio sabe dar más palabras que las personas.

Esto no encaja en ningún lugar, es decir, el médico se desorienta porque sabe que son tesis que algún momento se planteó pero nunca se atrevió a cuestionar, menos a pones en palabras. A la vez que se identifica con el loco, se desconoce. El martilleo interno lo turba nuevamente, pero esta vez está mas preparado, su comentario –Está lejos de ser un genio, es un loco. Pero no puedo negar que tiene ideas que alguna vez me vinieron a la mente. ¿Qué pasó en el camino? ¿Por qué el terminó debajo de un auto y yo arriba de un atuendo con estetoscopio?-. Cada vez creía menos en él mismo.

No se resigna en la búsqueda de respuestas, pero cada vez entiende menos quién es él, vive en sombras, no escucha al silencio, es médico.

24 de agosto de 1989.-

El horizonte es solo uno, los límites, las lágrimas, las sonrisas, la cabeza, es uno mismo… sobre todo cuando nos olvidamos de esto”. Comienza el enfrentamiento entre la conciencia médica y la letra de la locura, los besos de este judas.

– Es cierto, siempre me propuse ser una buena persona, ayudar a quién me necesite – se responde pobremente. Comienza a reflexionar, esta vez no sólo se adentra al pensamiento de las nuevas incertidumbres, sino que encerrado pero tranquilo, empieza una suerte de tesis y antitesis sobre sus razonamientos. – Es verdad, ayudo a personas, pero estas personas no se quieren ayudar. Cuando a alguien le digo que no consuma azúcar, a veces es peor porque pareciera que lo hace adrede. Cada uno se pone en plan de hacer de su vida una vida o más bien una bomba de tiempo –. Quizás sea lo mas inteligente que se le ocurrió, pero sigue –Es cierto que a veces más que pacientes tengo dinamita en forma de personas. Es cierto que no quiero crear el mal a nadie. Pero se enojan inclusive conmigo, o se cuestiona sobre mi saber, cuando yo soy el que tengo un certificado que describe porqué estoy encerrado en ese consultorio para “ayudar”­ –. Comienzan las críticas más severas y tajantes sobre su posición. – ¿Es cierto que soy médico? ¿Es cierto que me estoy volviendo loco? ¿Quién me engaña, yo siendo médico o la gente cuestionándome? –. El médico desea nunca haber encontrado ese maldito historial de ese maldito loco que de forma tan simple le revirtió su profesión ¡aún estando muerto molesta ese loco!

Realmente entró en problemas y trató de escaparse de todo lo que no lo hacía feliz. Dejó a la familia, inventó una excusa que lo sacara del apuro y se empeñó en un viaje a las montañas, en porfía de encontrar aquello que lo haga feliz, que no sea parte de la sombra, y aquello que el silencio le pueda decir.

Mes de septiembre de 1989.-

En medio de no se donde el médico comienza a pensar que va a hacer: o seguir en su búsqueda mítica espiritual o volver a ser lo que era, un médico. No tenía nada que perder, si seguía su vida anterior. Pensó que si seguía haciendo lo que él quería podía terminar siendo parte de un árbol de quebracho, o en el fondo de un arroyo como el musgo pegado. Pensó…

¿Qué realmente quería? ¿Quién me engaña, yo siendo médico o la gente cuestionándome?

Quizás elucidaron ideas que nunca mas surgirían. Comienza un planteo mas lógico de lo que él estimaba: – yo soy buen médico – pensaba – ¿pero para quién? para los algunos pacientes, algunos me dicen que lo soy y otros me dicen que no – bien… – yo soy bueno, ¿para quién? ¿para qué? como estudiante lo fui, como padre quizás no lo soy… yo…en definitiva… el otro dice que soy yo, si soy sombra o soy luz, si soy palabra o soy silencio, si soy medico o soy un loco –.

Entonces se plantea, si del engaño que no toleraba el loco (del que nadie lo comprendiera, de vivir las mentiras, de ser uno mismo), si esa mentira la tenemos todos – sí es verdad, todos vivimos engañados, pero tenemos que aprender a vivir con ello – La búsqueda mítica esotérica hasta exótica que se planteó en la naturaleza se cayó en pedazos, fragmentado comienza a elucidar más conclusiones recordando el final catastrófico del loco – si felicidad es hacer lo que uno quiere, seguramente terminaríamos todos pintados con una sonrisa abajo del auto. Para ese engaño hay que saber vivirlo y que éste no nos viva a nosotros –

Después de mucho tiempo, el médico ya en su casa, leyendo el diario encuentra una frase de Ernest Hemingway, que termina de consolidar sus ideas: Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar. Contento terminó su cigarrillo, hablando con el humo comenta – Por suerte nunca voy a poder responder a todo –.


fuente de la imagen

jueves, 15 de julio de 2010

Cuento de Locos 1


He aquí la primer parte de un cuento de propia autoría, espero os guste.


El loco que creía estar loco.

Quizás sea la historia de un bastardo. Quizás haga mal escribir estas letras. Pero lo necesito, afortunadamente. La lluvia me acompaña, la noche está de luto y mi corazón también. ¿Pero de qué?

[xXXxxx] Después de las lágrimas, no tenía más que pensar en qué estuve pensando. Medianamente estamos bien. Una vida tranquila, mas que trabajar, leer una que otra novela, tratar de entender a Nietzsche, escribir…

Bien…

Estoy escribiendo. Veo la casa, no me inspira nada. Ni los sueños… ¿Pero de que? Si no tengo sueños. Tengo problemas: largos y anchos, cortos y sencillos. Podría escribir de ellos, pero estamos medianamente bien para hablar de aquello. No vale la pena, si agarro alguna novela para leer y me despista. Me entretiene. Me hace bien.

Seguimos mirando… nada. Creo que como monólogo el único contrato que ganaría, sería con las telarañas de la muerte. Pero escribamos algo mejor, sobre… los tropiezos de mis lágrimas.

Cuando Larralde se pregunta ¿De qué están hechas las lágrimas que pesan tanto? Yo respondería: pesan lo demasiado para que una catarsis agónica y un poco de cólera nos consuelen lo suficiente para creer que algún día esto va a cambiar (un condimento para esta hambruna) ¿Pero de qué cambiar? No sé. Pero nos conforma, y eso es suficiente para que hagamos de nuestras lágrimas un monumento y una sonrisa en forma de gotas de sal… Sigamos mirando la casa, mejor.

Tengo dolor de cabeza. Tengo peleas con mis remordimientos. Tengo ganas de llorar otra vez.

La noche no está de luto, ni tampoco me acompaña, ni tampoco mi corazón. Pero estamos medianamente bien.

[Xx] Creo que anoche soñé, creo que no… quién está mas loco: ¿el loco que se cree rey o el rey que cree ser rey?

La noche ha vuelto de una tarde de vientos esporádicos y amenazantes de alguna catástrofe. Pero más bien, ¿que más puede pasar? Si estoy, y estamos, acá solos. Esperando que pase algo. El tiempo se detuvo, ¡si, es verdad! Parece que la distancia entre días sólo se muestra en el tránsito nocturno.

[xxXx]. La casa creció, al menos eso parece. Veo la casa, y empiezo a escribir: Bueno, el corazón late más de lo normal, me estoy empezando a preocupar. Quizás sea que tenga problemas con la presión arterial, he comido mal hace muchos días y peor en las noches, que han sido mas aún. Pero estamos medianamente bien.

Entonces ¿será que me preocupo por lo que no pasa? ¿O no pasa demasiado nada acá en esta casa? ¡Pero realmente debería pasar algo! Los ruidos se sienten cada vez mas aislados, o quizás me esté quedando sordo, en realidad hace mucho que no escucho a nadie. Tampoco lo necesito. Estoy bien. Ni recuerdo la última vez que escuché a alguien, sin embargo no me olvido la última vez que me hablaron. Pero no necesito más que mis consejos, el silencio me ha dado más palabras que las personas. Hay veces que no lo quisiera ni saber.

La noche conquista mi cabeza nuevamente. Realmente no me asusta como antes. Es mas, me siento mas cómodo, quise decir ahora me siento cómodo.

[XxX] Ya quiero empezar a pulsar las letras y seguir escribiendo. Pero la ansiedad pone en alta tensión a las ideas que no se inscriben porque queman la mano. Pero empiezo como pueda.

Aquella noche de perro, ladraban mis penas, y pensá que estábamos medianamente bien. Pero el miedo te juega en contra si no sabes manejarlo, no hay cosa peor que el terror vuelto llamas.

A veces te dice que si y otras veces dice que no. Pero hay que saber escucharlo y decirle la mejor respuesta, sino sólo te volvés un bastardo de tus propias penas, y el corazón se vuelve delator. El horizonte es solo uno, los límites, las lágrimas, las sonrisas, la cabeza, es uno mismo… sobre todo cuando nos olvidamos de esto.

Entonces comencé un vuelo hacia la locura, el tiempo y espacio se volvieron inexistentes para mí ser. Las cosas empiezan a brillar no por su forma, sino por su esencia. La piel se vuelve estrellas, y no asienta más que el placer de rogar por la fortuna de que nadie me entiende, por eso se me aparta, y por eso no siento más que la locura como lo mío, como la locura mía. Mi verdad, mi norma, mi alegría se vuelven astros y galaxias vacías de promesas de lógicas isomorfas e inicuas.

Y nadie me entiende, ¿y por qué? Y porque no siento la necesidad de amargarme por las pequeñeces que rodean y le hacen rodeo a la vida. Ya sé que estoy piantao’. Pero por más que parezca peor, no tengo que procurar en mi cara la trampa de un guardián, porque las estrellas y la luna son extensión de mi mente y doy vuelta al mundo en las noches de soledad armando constelaciones de risueños. Y vengo a contar poemas de cuarto menguante, y vengo a luchar con el sol que muestra la luz.

A la noche todo es oscuro, pero no mas oscuro que en el día. En el día se ven las cosas más oscuras de lo que son. ¿Pero de qué? No lo sé. A veces se conforman en sentirse feliz de soportar mentiras cotidianas, viviendo a expensas de las sombras, o bien siendo parte de estas.

Quereme así piantao’… piantao’ piantao’

Eso es lo que me distingue entre sistemas solares de sonrisas que me hacen único y estamos medianamente bien. Voy a chocar a todas las lunas, no habrá mas estrellas esta noche, no hay mas que satélites buscando el pronóstico de mañana, cuando todavía no pasó la tormenta del día de hoy… ¡Estamos medianamente bien!

Al día siguiente el titular del diario local publica: “Interno se escapa de manicomio y muere en accidente de tránsito”. En la foto se reconoce al loco, con una sonrisa pintada con tempera roja.

jn.-

fuente:imagen