jueves, 29 de septiembre de 2011

Cuento de locos 3

photo: Sofía Wertmiller
¡Cómo habla ese tipo! Son las siete de la mañana ¡por Zeus! A veces pienso que la vida en un edificio no era como la pensaba. A levantarse, y seguir, hoy hay bastante trabajo así que mejor si llego más temprano.
Abro la puerta, miro al departamento D, ya debe estar por salir ese cretino. Y tal es el oráculo en que me inspiro, se avecina un poco vecino. Lo miro, quizá me salude, por gentileza del quilombo que hace de madrugada. Pasa. Pasa. Otra vez no.
No sé quién se cree, mediocre. Quizá se crea la muerte en vida. O la vida en la muerte, vaya a saber… no importa demasiado.
Second day… and I believe this day is different. Soliloquios rondan mi cabeza, mi oído, y por qué nadie puede hacer callar a ese loco infernal. No espero nada, mientras me pongo mi saquito blusero, lo imagino tirando aroma a charol, olor a caviar. Qué idiota. Abro la puerta, pero esta vez se adelantó él, al orden lógico de los miércoles. Mira de reojo, ¿asustado? no creo. En fin, no saludó, movió las manos como diciendo algo, pero no saludó y eso es lo que importa.
No suelo reconocer que me importan los demás, pero este caso, no sé qué pensar. Un viejo que debe juntarse con otros viejos, a hablar de los éxitos de su vida, de sus carreras universitarias, de su pasantía por cabaret. No me gustaría llegar a esa edad, y creer ser más que otros. Se me pasó el colectivo otra vez, mother fucker.
Los días no dejan de ser diferentes, el tipo recita sus palabras y sus pensamientos de sangre azul, ni siquiera es amable en saludar. Educación llamo a eso. Claro, Don Pelo Blanco debe suponer que quiero ser cómo él, elegante, interesante, enigmático como la muerte misma.
Miércoles otra vez, este tipo no me va a ganar. Voy a quedarme hasta que se retire del edificio, siempre agarra Callao yendo a provincia.
Comienza la marcha de esos zapatos de cuero, siempre bien abetunados: dos, cuatro, seis, ascensor. Objetivo puerta D. No mencioné que pase mi pubertad ayudando a un cerrajero, cuando vivía en provincia, realmente no es difícil mientras estés preparado. Como yo lo estaba. No hay nada que no resuelva la paciencia y saliva.
Puedo entrar, me apuro, pero en el apuro me lleva un trapo en un piso tan impecable como la travesura que estaba realizando. Golpe en el occipital, ni que fuera el hacha de Raskolnikov. Desmayo.
Una nebulosa parece mi vista, que de a poco pone en órbita los parpados de la realidad. Alguien me mira, y no es conocido, me asusté y me paré de golpe. Le pregunté - ¿quién sos?-, me respondió -¿quién sos?-. Le pedí disculpas por meterme, que ya me iba a ir, y me respondió -disculpame, no quise meterme-. Le comento, que no tiene por qué pedir disculpas y me repite -yo me metí en tu casa, no tenés por qué disculparte-. Realmente no entendía nada. Cuando miré en la cocina, a la heladera, un cartel decía “Asociación de Sordos y Mudos – Lunes a viernes de 8:00 a 10:00 hs. Clases de apoyo”.
El psicólogo acomoda los lentes, creo que quiere disparar una bomba nuclear. Toma papel en el asunto y dice -tu curiosidad se debe a que no entendías quién o qué era el señor Espinosa… y su hermano-. Argumenté una defensa poco defendible. Me interrumpe -el autismo no es un trastorno leve, complica para toda la vida-. Creo que es peor de lo que me esperaba, el de recursos humanos del trabajo me dijo que iba a tener seguramente mayores problemas.
La última intervención del especialista de la psiquis, creo que fue la más dura de todas -¿por qué saliste llorando y gritando? Te comento que Espinosa no elevo denuncias hacia tu persona, y bueno, el hermano Federico te imaginás por qué no puede hacerlo- Nada justifica la cobardía. -Arriba de la heladera había un diario personal. Era del señor Espinosa. La última página escrita decía “Federico sigue creciendo y anoche se cumplieron diez años de que murió mamá, un tipo en el colectivo decía con voz desafinada que este mundo no tiene sentido, lo decía por él y por mí también”.

2 comentarios:

Horacio Beascochea dijo...

Muy bueno el entrecruce de lo real y la locura, inquietante, también. "Una nebulosa parece mi vista, que de a poco pone en órbita los parpados de la realidad", excelente.

Abrazo grande

lheonnel dijo...

viejo choto! jajaja muy bueno jorgin, ahor qe me perdi masomeno cuando le pegaron el chirlo en la nuca O.o