jueves, 30 de junio de 2011

Sobre el Canon digital

Muy buena infografía para entender el tema del Canon Digital, un polémico proyecto de ley para aumentar los precios de productos tecnológicos que permiten almacenar información (CDs, MP3, discors rígidos, memorias USB, etc). Lo que recauden del impuesto, en teoría, se usará para “indemnizar” a la industria cultural por los perjuicios que ocasiona la piratería.

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lunes, 27 de junio de 2011

Cirujano sin bisturí




Aquí me tienes. Y como un extraño me sientes. Qué pasa en tu mirada ¡Qué pasa que no dices nada! En tu rostro veo una cicatriz, no es de un golpe, sino de una herida, de un cirujano sin bisturí, y habla por sí misma. Ya sé, me olvido que no hablamos del pasado.

Aquí me tienes, y me muero por rendirme ante el mar de tu cuerpo, y sentir ese pudor eléctrico que escribe cada uno de tus besos, y que borran tus palabras fuera de orbita. Hay días, y días, como aquél cuando el cordero se volvió lobo del lobo. O aquél, que quisiste moldear el barro de nuestra historia, para la comedia nocturna de la cena familiar en tu casa. Escupiendo letras afiladas, con sabor a nada. Olvidando que nos queremos porque no nos entendemos.

Resuenan tangos decapitados, ¿te acordás? Son la orquesta que nos tumba el corazón, y nos cambia de lengua. Nos cantamos con el cuerpo, y los versos se desploman ante el encuentro de mis dedos que se enhebran en tus senos, ante la ecuación de mis silencios, ante los pentagramas que entonan nuestros suspiros. Y sobre todo, ante vos.

domingo, 19 de junio de 2011

Una visita al jardín

El martes estaba pensando en la tarea de francés, el parcial de psicología del aprendizaje, cómo iba a imprimir el trabajo evaluativo de mañana, recordando si la bicicleta tenía aire y rezongando por la tinta de la impresora, cuando entonces…me llega un mensaje de la seño Pao. En el mensaje nos invitaban el día 15 del corriente mes, a leer cuentos a los niños del Jardín Nº 49 Andalue del barrio Anai Mapu. En otras palabras… mi jardín. Lleno de tareas y compromisos, pregunté a dos amigos, Alí y Emiliano, si me acompañaban y amablemente aceptaron. Ellos dibujarían para los chicos. Al día siguiente, pactamos horario y fuimos en búsqueda de aquella travesía inoportuna.
Llegamos al jardín, los chicos armaron rápidamente filas, quizá querían parecer un batallón esperando el dictamen del general. En este caso, quien narró el cuento, es la misma persona que escribe estas letras. Y pensé, no es que “quizá”. Realmente es un batallón, un escuadrón de sueños, o más bien un ejército de ángeles. Con ojos llenos de futuro, con manos llenas de vida, con fantasías de naturaleza pura. En sus sonrisas aturde la incertidumbre por la sorpresa, en sus mejillas se respira su aprecio por la simple tarea de narrar una historia. Y te piden que hables, y te piden que repitas, y te piden que te pares, y te piden que te rías, y te piden una caricia, y te piden una mirada y te piden nada, y te llenan el corazón de felicidad. Rousseau de ver a estos niños hubiera escrito unas 54 versiones del Emilio, Saint-Exupéry le hubiera dedicados miles de petit princes.
Tras un debate con los miembros del pelotón azul, naranja, amarillo y verde de la 5ta. división, logramos llegar a un acuerdo: el relato del cuento por un dibujo, ¡sin más vueltas! Hubo gente que resistió, otras que lo regalaban, pero finalmente todos accedieron al pacto. Todos habitantes del país de no me acuerdo
Cuando comienza la historia Gastón, el sapo glotón  se dispara una aurora sobre los pitufos. Se despiertan murmullos. Son ellos manejando el universo, mezcla rara entre ficción y alegría. Sigo leyendo, chusmeando veo como un mini profesor explica la anatomía del sapo a un grupo de alumnos. Otra patriota ensaya el izamiento de la bandera del viernes. Siempre están los barrabravas del tablón y el jugador número doce haciendo quilombo al frente, pero nunca ausente esa risa pícara. Emiliano y Alí dibujaban los animales que formaban parte del relato, con la supervisión de Picasso con zapatillas número veintitrés en la izquierda, y Ace Ventura hablando con el caracol y la libélula que no atrapó Gastón, por la derecha.
Cuando terminó el cuento, nos dieron “las muchas gracias”, inclusive, reconocieron que fue  “de todo corazón”… esas voces inocentes, ese espíritu tan puro, y yo usé su lengua, y hoy mi cuerpo es quien dice ya no eres así. Y vuelvo a pensar, en esa infancia que se olvida, y se arruina con el tiempo que perdemos al perderle sentido a nuestros días. Hoy, con un par de años encima, veo qué fácil se alegran, ellos sin contaminación de cultura, se contentan con que uno dedique un poco de  su tiempo…
Cuando nos fuimos, guardé en el bolsillo estas palabras y quería compartirlo con todos los que les llegue este mensaje. Y si alguna vez están vencidos, no se sientan vencidos, aun siendo esclavos, no se sientan esclavos. Les puedo asegurar que la sonrisa de un niño les devuelve el aire que da vida a ese niño que tenemos adentro. Chaplin decía que un día sin sonrisa es un día perdido, y tenía razón.
Por último, mis felicitaciones al cuerpo docente y no docente del Jardín, un grupo muy especial de personas comprometidas con su trabajo, y se refleja permanentemente en sus alumnos.

jn

domingo, 12 de junio de 2011

anoche la vi




Anoche la vi,

como un trazo que dibuja la noche,

trozando al viento

en busca de su voz.

Estaba ahí.

Ordenando el cosmos a su antojo,

armando danzas con constelaciones que, de a poco,

se tocan y retocan para invocar

alguna figura griega.

¿Antígona? quizás




Puede ser, anoche la vi,

besando el vacío,

colgando un cometa que no se anima a seguir sus pasos.

Y un ángel dibuja la seda de su cuerpo, ángel, testigo de su última sonrisa.



Anoche la vi,

iluminando mi noche. Provocando los ojos de un ciego.

Cuentan los mapuches que,

en el origen, la luna se mojó,

por ello su luz es fría.

Pero ella no.

Su rayo es locura en mi altivez.

Se burla de mi conciencia,

agujerea a este inconsciente.



Y me mira inocente,

Y de verla se desata el alba.

Y prende velas a los costados

de mi almohada

llevándome de viaje al naufragio,

en boga de los pobres versos de un poeta sonámbulo.



Anoche la vi,

a millones de años luz.

Escribiendo las leyes de los astros,

desnudando el lenguaje del espacio con luciérnagas 


que hacen pantomimas con mis sueños.


Pero acaso ¿estás ahí?

¿Acaso eres la más fina

del infinito

o sólo eres el registro

de una noche que

se desploma en cada pregunta?


Puede ser…

Puede ser que anoche la vi,

entre obvias coordenadas,

trastabillando una órbita desarreglada. Poniendo de

pie al universo.

Allí donde nace la poesía



Esa estrella no estaba ahí.

Esa estrella era otra geometría

y se llamaba soledad.