martes, 21 de febrero de 2012

Julia... mi Julia


Julia... mi Julia
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Elogio de la sombra – Jorge Luis Borges

Foto: Sofía Wertmiller
Av. Pueyrredón 1640, vísperas de su cumpleaños, Hospital Alemán. Julia acaba de chocar en su automóvil. Dicen que los accidentes de tránsito no son accidentes porque se pueden evitar. Ahora me pregunto ¿cómo puedo evitar que ella deje de morir?, ¿cómo detener la risa de Basilisco que juega de local en las autopistas de Buenos Aires?
Teníamos que llegar a comprar el boleto para sus vacaciones al sur, a su preciado sur. El ciclo laboral se vino complicado, pero ella siempre se las arreglaba para ajustarse a las exigencias del momento. Salvo esta vez. Estás acostada al lado de mi camilla, y no reís como cuando nos contábamos chistes antes de que papá nos descubriera haciendo alguna maldad. Si, mi hermana se está muriendo al lado mío y no puedo hacer nada. En el año van pasando dos mil quinientos setenta muertes en la provincia, por el motivo que ella agoniza en mi compañía. Si llegaran solamente a ser “sesenta y nueve” sería lo ideal para salir de viaje juntos.
Nuestra madre, una vez me contó (con menos aliento que el que tengo) que estuvo a punto de querer suicidarse, una madre sin su madre es entendible para tal melancolía. Mi abuela se marchó cuando más la necesitábamos. Pero llegó una beba, una pequeña hada que fue mi salvación. Julia empezaba a brotar del vientre de mi madre, de nuestra madre, y es a ella quien le debo haberla tenido.
Hoy me mira con los párpados petrificados, –– ¡y no me podés hablar! ––. Siempre te molestó que fumara, pero nunca me negaste darme dinero para los cigarros. Y ahora que estás casi muerta, no me sueltes la mano te lo pido, Julia por favor... nunca me dejaste que afloje los brazos. Y ahora vos... (*)
El doctor ya me dió la noticia... y como siempre lo hiciste: nunca me vas a dejar solo. Mi pulmón derecho es un manto de nicotina. Gracias Julia. Voy a recibir un órgano de tu cuerpo. Y voy a llevarte conmigo hasta el día que la carne se deshaga en el polvo mismo del que venimos. Hasta siempre Julia... mi Julia.
(*)Este fue el momento en el que me desmayé sin poder decirle adiós.
jn

6 comentarios:

Claudio Javier dijo...

Muy bueno Jorge. Fuerte, intenso y verdadero.

Horacio Beascochea dijo...

Es cierto, intenso y sin fisuras. Felicitaciones.

Abrazo

gallega dijo...

MARAVILLOSO!!!

MUCHITA dijo...

Me encantó.

Bien vas Jorgito.

Besos mil.

Anónimo dijo...

No se como llegue a tu blog...pero tu escrito logro emocionarme... saludos..
Daniela.

Virtudes Montoro López dijo...

Me dejaste rota Jorge. Tu relato es estremecedor...