martes, 7 de febrero de 2012

While she was mine



While she was mine

De golpe se cortó la luz, tirado en el colchón del comedor, voy a prender la lamparita que me gusta por tener un estilo inglés (como el té del que te reías). Que grande se ve la pipa, quiero decir la sombra contra la pared, azotándola con el humo, el incienso de mis manos, las penas del tabaco, pero eso no es lo que importa, sino dónde estás... Mirá la curva de la pipa, la madera esa que tiene el color de tus ojos, como cuando reías, claro. Y crece como un espectro que quiere asustarme, y desaparece con la luz inglesa, y vuelve como un torbellino y seca la garganta cuando miro al techo oscuro. Acá estabas vos, un poco más ciega que cuerda, pero acá estabas. El problema era Lucifer, él no desconfía de los buenos, eso queda claro, el problema de la última cena, el único codo retorcido ya sabíamos donde estaba, antes de comer.

Hoy ví a tu primo con su familia pasar, también a tu padre trabajando, a tus amigas las ví ayer, el tema es que no eran ellas a las que veía, sino a la falta de estar vos. Vos ahí, esa figura que dibujaban mis ojos, del mismo color de la pipa, al menos esa vez que fumábamos del mismo tabaco y que el humo hacia un rodeo un poco travieso en el juego este de querernos, de gustarnos, de encantarnos y hasta incluso de mentirnos. En una aventura que se disfraza entre religión y obsesión, como dos peces que van de la mano saltando de una cascada a la cama, tal vez del living al comedor, o tal vez desde el miedo a quedar solo o quedarse mirando a la sombra que hace compañía, aunque no lo parezca.

No te voy a mentir, es verdad... te extraño y quizá no te lo vuelva a decir, pero es esa cosa que se escapa a las reglas de la filosofía, esa mística que guarda el estilo del blues que nos encantaba, eso eras vos, un torbellino feroz, una bestia insaciable que quiero me devore a pedazos por los centímetros del cuerpo otra vez. ¿Pero me ves ahora?... no, estás mas lejos de lo que estabas, soy el mejor inmueble de esta carpintería. Soy la resaca de la noche que guarda a escondidas los secretos que las estrellas murmuran una a otra mientras te miran dormida del otro lado del mundo. Es eso, el universo extraño, el universo de vos, esa confusión entre rosas y vino que anuda este cuerpo a ese vacío en el espacio, a esa álgebra indescifrable par o impar... ya no importa.
La luz nunca se cortó, porque la conexión no estaba funcionando hace dos meses. A veces sentí que prendía, pero no era la luz, eras vos.

4 comentarios:

Federico Espinosa dijo...

Muy bueno jorge.

gallega dijo...

MARAVILLOSOOOOOOO, HIJO

Horacio Beascochea dijo...

Impresionante, Jorge, un gran relato, emotivo, desde las tripas, como tiene que ser.

Abrazo grande

Alejandra Rey dijo...

¡Genial!