domingo, 11 de marzo de 2012

La miro y jugamos




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Caminando por el desierto,
en la arena infinita,
que sacude como viento
la soledad.

Al paso de un
desahuciado,
trato de cazar una estrella

con el arpón que me enseñaste
a construir con lágrimas de colores.

No recuerdo cuantas noches
llevo intentando este pasatiempo,
inclusive olvidé el aroma del día.

Mi puntería es un logro del azar.
Consigo traer una primera,
es un Lirio de agua,
o como ella la llama: cala.

Se despierta en mi mano,
y despliega los ojos más bellos
que he conocido.

No habla, sólo mira
como una diosa esperando
algún tributo o redención.

También la miro, y jugamos
a ser mudos por un par de años y siglos
(a medida que nos conocemos mejor).

Y se terminó, como todo lo
que toca esta vida. Y no ha vuelto
a recibir su redención.

Me gustaría colgarme de esa boca,
que regalaba trozos de infinito,
y destrozarla, tal cual una vez
lo hizo conmigo.

Pequeña flor, ahora eres un
arquetipo inmortal,
he construido infiernos como
incalculables laberintos para huir de vos.

¿Y será que en algún
lugar del cosmos estás?
Quizás volviste a esa lamina
estelar a la que pertenecías.

Estoy sentado al lado mío,
y él me comenta un poco
tímido que quizá ya
no me necesitas más.



jn


Nota: poesía de domingo, disculpad la desprolijidad.

2 comentarios:

Viento Zorro dijo...

Llevadera la escritura, una poesía desata-nudos con buen cierre al final, digo yo.

Virtudes Montoro López dijo...

Jorge, me has llenado de imágenes estelares, de instantáneas cósmicas, de los colores más bellos e inexistentes.