martes, 9 de octubre de 2012

Diluvio

Anoche tomaste tu avión, y dejaste de regalo lluvia.
Pequeñas gotas florecían por la ventana,
y delineaban figuras, sobre el rostro del vidrio,
que jamás entenderé.
Veo cómo se va mojando la lluvia,
ofreciendo lentamente su incesante persistencia.
Se lleva todo,
hasta mis versos,
fuente
¿acaso alguna vez fueron míos?

Hoy caminé por la esquina donde corrimos un colectivo,
¿recordás ese beso con nuestras manos agarradas
así como la luciérnaga toma a la luz?
Hoy caminé por esa misma esquina, pero ya no estabas,
la esquina es desierto y ya no existe. Ni la luciérnaga
ni su ternura.

Anoche tomaste un avión y hablamos
como si nada pasara, como si las palabras
que intercambiamos, reemplazaran abrazos,
los dulces abrazos pasados.
Pero claro, alguna vez dijiste
que los recuerdos de la carne no son sinceros
ante los que logra el tiempo,
y tenés razón. Es cierto.

Nos despedimos con un contrato
de silencio: sin saber qué traerá la
bondadosa contingencia
y la impuntualidad de su oficio.

Tengo un poema para mostrarle
señorita, ahí, adentro está usted,
y afuera la lluvia y el mundo entero.
Quizá cuando vuelva se lo muestre,
quizá ya lo haya leído.

jn

3 comentarios:

Horacio Beascochea dijo...

Más te vale que se lo muestres.

Abrazo

MUCHITA dijo...

Buena....

"quiza ya lo haya leído"...pum para arriba!!

Besos mil.

TORO SALVAJE dijo...

Ser parte de un poema es un hermoso regalo.

Seguro que le gusta.

Saludos.