miércoles, 26 de diciembre de 2012

la aguja del reloj

Fuente

Tan exclusiva es la memoria que
en cualquier esquina me concede
un retrato tuyo con tus colores,
tus formas, tus mañas,
como si acaso fueras a volver.

Entonces mis sueños se abren como
flores, flores precoces. Yo los miro.
Veo cómo se alejan estos pájaros
surcando el cielo que yo mismo inventé;
y cómo se disparan hacia tu boca
que es el preciso lugar
donde coinciden la noche y el día.

Porque soy el que te escribe y
no el que te besa.
Soy la distancia, la aguja del reloj,
 el viento que no cambia,
pero no el beso ni sus secuelas.

Parezco un sastre trabajando
con hilos largos, finos,
hilvanando imágenes
tuyas mientras arreglo con
el hermoso hilo de tu voz
el pantalón verde, que dejaste
en desuso y que también
de él te olvidaste.

A veces finjo que todo
ha terminado y vuelven
tus suspiros a acariciarme,
tu sombra a iluminarme,
pero sos vos quien no
aparece venturosa
como la niña que vive
bajo tu sonrisa.

¿Acaso no te animás a morir conmigo
y volver una y otra vez? Acaso no crees
que puedo hacerte feliz sin cadenas,
ni lesiones, sin espantos, ni escalones.

Ese ladrido que busca titubear
a la inmensa luna es mi alma errante.
Pero así, como este poema,
tan sólo conceden un recuerdo inútil
a tu memoria, y quizá a tu vida.

jn

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno jorge! soy el primo del kitu!

Fran Robles dijo...

Bueno, intenso, un placer leerte después de tanto tiempo