sábado, 29 de septiembre de 2012

La visita

Fuente
Ante la memoria de la luna, fuimos cometiendo el pecado
de devorarnos, con el fin de acabar con la fría anatomía,
la misma, que por siglos y siglos se ha plagado
de polvo, ceniza y anhelo de compañía.

Todo se volvía un río incesante por el cual naufragábamos.
Buceando en una serie interminable de sábanas;
ví el rojo de la sangre viva,
ví fantasmas que merodean por el olvido,
ví sudor a falta de oxígeno, la luna reflejada en tus pupilas,
creo inclusive haber visto pájaros comiendo jaulas,
también flores pequeñas, flores circulares,
flores hermosas con la silueta desnuda,
ví el punto donde converge el infinito
y almas escondiéndose allí,
ví algo de magia, el juego que traman las estrellas,
ví lugares donde el hombre nunca ha llegado,
y también logré mirar un latido en tu corazón,
ví el borde de una quebrada, que terminaba
en tu boca, mujer...
tu canto es como la noche
sous la nuite

Ya sabes, la voluntad es más extensa
que el entendimiento. Entonces me arrojé
sin paracaídas por la profunda fosa del placer.
Y por un instante, el mundo se mostró detenido,
la energía universal estaba enredada en la misma Nada.  

Estaba solo
                         con el mundo, en mi cuerpo,
y lo que no te contenía carecía de sentido.

Pero fue tu voz /la justa errata/
quien me despabiló
con la fuerza que el alba
acurruca a las amapolas
en invierno.
Y luego, la inercia, claro,
la resonancia, el sentir tu cuerpo sobre el mío,
que después de la noche,
aunque fuese arte de la ficción,
seguías conmigo.


jn.

viernes, 21 de septiembre de 2012

chispa

Y me detuve en
el ejercicio de tu mirada
mientras acariciabas
                        con tu fervoroso aliento
este viejo rostro de niño

Me detuve
                        como la polvora
ansiosa del fuego, de la chispa,
y bebí la muerte
en
cada
beso
de los que llovieron
en el plano de la noche,
anfiteatro
de esta guerra

Vos ahí,
            un delfín
                           que juega
con las constelaciones
de la cama, y sonríe ante
los rupestres modos
del placer y la carne

Pero hay un momento
donde queda suspendido
el silencio:
cuando el calor,
el mundo, la polvora,
el desaliento y la noche
vuelven al impacto
del rayo en el trueno
que
     se
           entromete
             en
el mar de
               tu cuerpo

Ese grito (tu pequeña voz)
aparece yéndose
como al albedrío del viento,
los sueños del

dulce

diente

de

león

lunes, 3 de septiembre de 2012

Ulrica

En el sur se hunde
la noche, tramando
un fino rostro
de precisa geometría,
que desata la suerte
del aquelarre.
Esa magia de
quince otoños
y quince primaveras
que se mezclan
en la contingencia
del tiempo,
en el pudor de
tu cuerpo,
en un sinfín
de locura.
Si, es cierto,
mis manos
buscan decorar
tu rostro
              tu rostro
pequeño, infinito
y hermoso
que es veneno
ante el tacto
y el recuerdo.