viernes, 23 de noviembre de 2012

otro poema


no soy el cuenco que junta el agua de tu boca
ni la aurora que imita tan copiosa tu hermosura
no seré la guitarra que está guardada en tu casa
ni el vagabundo perro que te busca por las tardes

no estaré buceando como pez silencioso en tu memoria
que ha sido sometida al frenesí de los infinitos mares
ni soy el espejo que espera ansioso verte despierta
así encendés las gratas melodías que tu cuerpo provoca

no creo en el dios malo que aún sigue vivo ni en el muerto
ni en el acrílico que en vano colorea al vidrio
no soy el tiempo que acostumbra encontrarte
recostada esperando que no se acabe el alba

no estoy al día
con la geografía de tus problemas
ni
con los demonios que malcrían tus caprichos
pero soy el que te escribe 
Fuente
y escribe

amontonando besos que enloquecen
a esa personita que esta ahí
ladrando a sus fantasmas
con todas sus armaduras

extrañandote tanto
es que sin vos no hay poesía

mi corazón es un barco viejo
medio muerto medio náufrago
que no saben donde ir


jn

domingo, 4 de noviembre de 2012

espejos cuadros movimientos

Fuente

Y te buscan los ojos,
se cruzan y cruzan
espejos cuadros movimientos,
se mueven entre distintas figuras.

A veces te hallan en la mujer
que, con silueta de madera,
desprende la dulce melodía
de la nostalgia.

No hablo, solo la escucho
mientras me enredo
por su música, y escribo.
Alguien que se resguarda
por mis venas
te está escribiendo.

Pero es a esa persona,
a él, al escritor,
a quien le toca
la suerte de encontrarte.

Yo  me encuentro
mirando a tu fotografía
que no es fotografía,
es un círculo de
regocijo y olvido.

Él te mira apasionado
y  te escribe:
dibuja cuerpos sobre
las letras, tal vez
intenta darles vida.
Es muy optimista.

Así viaja por tiempos
y espacios que desconozco.
Cuando es denso, me muerde,
me bebe, quiere que le haga caso,
de la forma que sea.
Jorge es un bruto optimista.

Pero tiene la suerte, de estar
fumando un cigarro, como vos,
mientras lees esto.
Él te acaricia, y
me cuenta noticias de vos,
a veces también se equivoca
y nos reímos
inocentemente los dos.
Y también te toca.
O quizá no, nunca
me lo ha dicho.
Aunque ambos
quisiéramos tenerte.