lunes, 23 de septiembre de 2013

a un amigo que se fue la semana pasada

Omar tenía creo que cincuenta y dos años, casi la misma edad de mi viejo
Omar tenía un sentido del humor impecable, y andaba hediondo a tabaco
Omar sabía sobre Sandro, y contaba sus anécdotas como si él mismo las hubiese vivido
Omar se dormía bajo la sombra de la soledad, mientras la luna se desparramaba sobre su almohada
Omar sufre el paso del tiempo, y cada órgano le reclama un minuto (tan sólo un minuto) de tranquilidad
Omar vino abrigado como siempre, y en un cálido abrazo me preguntó si seguía estudiando en la facultad
Omar sonríe triste, esperando a la compañera que nunca va a llegar
Omar charla, fuma un cigarro, tiembla, siente la brisa como nadie, llora, late su cuerpo por todos lados, come rápido mirando la hora, tose, pregunta por su amigo “el soldado”, se detiene ante la puerta, escupe resignado, no puede dormir, los dos hemos sentido el inmenso vacío del cuarto y los fantasmas que merodean dentro, y tal vez él o yo, no sé, no lo sé, esté sintiendo este dolor
Omar mantiene la distancia, y en el último rincón de la noche se marcha
Omar se ha ido, y no ha dicho adiós
Ya no sufre más

a un amigo que se fue la semana pasada
JN